17 días después…

Gerardo Mosqueda

Sólo han trascurrido veinte años del discurso de Luis Donaldo Colosio en la plaza de la república ante los priistas ahí reunidos, se ha escrito mucho sobre ese discurso porque significaba un relanzamiento de la campaña de entonces candidato presidencial, por supuesto que esos mensajes, por su importancia, pasaban por muchas manos; los borradores eran revisados muchas veces antes de ser enviados al presidente para su visto bueno, así que el discurso sólo pudo ser revisado por Carlos Salinas antes de ser leído el 6 de marzo.

“Es la hora de la nación”, diría en su discurso, “es hora de cerrarle el paso al influyentísimo, a la corrupción, a la impunidad”. Estaban celebrando el aniversario 65 de la fundación del PRI y había que apostarse a un discurso que marcara la diferencia entre el viejo partido y el que se veía venir…

“Veo a un México con hambre y sed de justicia, de gente agraviada por las distorsiones que imponen a la ley quienes deberían de servirla”. Se proponía una reforma del poder político.

Habló casi una hora y también dijo: “Me he encontrado con el México que ya no puede esperar”

Después de veinte años, la cifra de pobres de nuestro país no ha dejado de crecer, ya no es un asunto de métodos para la medición, es simplemente que se sigue con discursos demagógicos y estratégicas sin sustento, del PRI y del PAN los gobiernos de los últimos veinte años no han sabido resolver el problema de la pobreza entre los mexicanos.

Se han aprobado leyes de transparencia, se han reformado para perfeccionarlas y los índices de corrupción crecen; los mexicanos tenemos que seguir leyendo todo cuanto dan cuenta los medios de comunicación acerca de las operaciones fraudulentas de gobiernos de los tres órdenes, gastos disfrazados para beneficiar las aspiraciones políticas, contratos con sobreprecios por la complicidad de empresarios corruptos que endosan en las obras y servicios los millones que se comprometieron a darle al político en turno para seguirle con otro puesto de “elección popular”.

El México que veía Colosio, está más grave ahora. Todos los legisladores son padres de las reformas constitucionales, todos “engolan la voz” para hablar de las trasformaciones que están por venir, después de las reformas constitucionales, la realidad es que poco han contribuido a la reforma del poder.

Es cierto que la dinámica del Estado Mexicano sólo se puede dar en el marco de la ley, está claro que somos un país de leyes, nadie en su sano juicio, señalará que faltan más leyes… También está claro que para la trasformación del poder es insuficiente el cambio constitucional; la demanda mayor es la trasformación de las personas que detentan el poder para ser congruentes en su gestión de autoridad.

Se proponía ser congruente y enfatizó haber encontrado al México que ya no puede esperar… A los 17 días de ese memorable discurso vinieron los hechos de lomas taurinas, después de veinte años sigue habiendo varias versiones.

México sigue esperando, los señalamientos de corrupción durante los veinte años no han dejado de estar presentes en los medios, la corrupción sigue siendo un elemento de la dinámica del poder, la transparencia sigue siendo un discurso y las generaciones nuevas de la sociedad incursionan en la dinámica del poder con la premisa de encontrar como beneficiarse del ejercicio del poder, sin ser descubierto, al menos en el corto plazo a la gestión correspondiente.

Luego salir ante los militantes de sus respectivos gremios y arengar sobre la honestidad, sobre los principios, sobre el servicio a la sociedad, sobre la sensibilidad con los que más necesitan, sobre el futuro del país, sobre la economía que corrige sus indicadores, sobre las mujeres y sus derechos, en unos días más, sobre los niños y las nuevas visiones y así sucesivamente.

Sin embargo, es mejor creer en la política que desdeñarla, porque dignificar el ejercicio de la política está relacionado con servir y no servirse del ejercicio del poder.

Será mejor inversión, que el pensamiento político se vierta sobre nuevas generaciones; donde se aprenda que sí es posible la acción política sin corrupción, que cínicos habrá en todos los ámbitos del quehacer humano, pero será mejor desenmascararlos para que dejen de hacer daño a la sociedad y provoquen desaliento de buenos ciudadanos.

Rehabilitar la política es una tarea que le hace bien a nuestro país, creer que es posible el ejercicio del poder sin mentira y sin corrupción puede sugerir una cierta forma de ingenuidad, pero es posible, para trabajar en una nueva cultura política hoy es el tiempo, los corruptos se sorprenderán cuando los buenos ciudadanos tomen decisiones y hagan que permanezcan en las responsabilidades de ejercicio del poder los que se prepararon para ello y se formaron en principios de conductas congruentes.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

@MosquedaGerardo

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