Comparando

Gerardo Mosqueda

Atento a los acontecimientos sobre los temas que ocupan las principales notas en todos los medios de comunicación y en las redes sociales, la detención del narcotraficante más buscado en el mundo es el tema de las primeras planas.

Sigue siendo interesante saber cómo llegaron a calcular los de la revista Forbes, que Guzmán Loera contaría con una fortuna calculada en los mil millones de dólares, lo que es un hecho es que se ofrecía una recompensa de cinco millones de dólares por él. Hoy está detenido el que fue buscado por casi trece años, al menos esa es la información oficial; quizá no sabremos, si en efecto, fue buscado durante todo ese tiempo.

El hecho es que hoy se queda sin una de sus cabezas visibles una banda de delincuentes a la que se le atribuye el control y manejo de drogas en varios países, principalmente en Estados Unidos, donde, por cierto, se afirma que solicitarán su extradición para juzgarlo con las leyes del estado de Illinois. Todo el día se habló sobre los detalles de su detención, el lugar, la cerradura de la puerta, la foto del helicóptero, el pasamontañas de los marinos… Todo lo necesario para “rellenar” la ausencia de información sustantiva.

El hecho es que la detención motiva eufóricas felicitaciones de personajes del mundo político, creo que sólo de ese medio.

Los marinos, una vez más, hicieron su trabajo, el resultado está a la vista, la pregunta será: ¿quién tomó el lugar de éste delincuente?

Seguiremos viendo cómo se llenan espacios en los medios hablando de la maldad de los “malos”… Creo que el complemento de estos enfoques en la información sería hablar también de la indiferencia de los “buenos”.

Es decir, las dimensiones que alcanzan estos fenómenos criminales tienen elementos que no son propiamente derivados de la acción de los delincuentes, como consecuencia de la complicidad y protección de quienes teniendo el deber de prevenir y combatirlos; encontraron el modo de ser premiados por su simulación en el ejercicio de la autoridad, los dejaron crecer y apoderarse de zonas en el país, controlando la distribución y venta de drogas tanto, como otros tipos de delitos altamente “rentables”. Y después de poco se sorprendan del poder que han adquirido, como si no fuera previsible éste tipo de resultados.

Logran ser una especie de supra-autoridad; logra someter a las autoridades civiles… Las consecuencias ahora se miden de personas asesinas de inimaginables formas.

La indiferencia de los “buenos” es igual a dejar hacer que los delincuentes tomen las decisiones de lo que debe suceder en la vida cotidiana de las ciudades, es igual a dejar hacer que haya autoridades que se coludan con los delincuentes, generalmente por el temor de que la autoridad competente también esté coludida con los mismos delincuentes.

Comparando; es difícil saber qué hace más daño, sin embargo no hay duda que “malos” siempre habrá exponencialmente menos. Tal vez el elemento que debiera de reducirse es la indiferencia de los ciudadanos, no en el sentido de hacerse justicia por cuenta propia, sí en los mecanismos de prevención, de participación, de denuncia, pero sobre todo de educación cívica, para encontrar siempre una respuesta inmediata ante la amenaza que representan los delincuentes y sus nefastos protectores.

Estimular la participación social de los jóvenes ayuda en la prevención de los males sociales que produce el consumo indiscriminado de drogas, entre otras adicciones.

Hoy estamos a merced de los medios masivos que llenan de sensacionalismo con las notas relativas a los “personajes” que “fabrican” en los propios medios al tiempo que “moldean” socialmente la indiferencia del común de los ciudadanos.

Comparando. Hace más daño a la sociedad la indiferencia de los buenos.

 Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

@MosquedaGerardo

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