Política al día

Gerardo Mosqueda

Un ejercicio de actualización política le hace bien a cualquier persona que esté medianamente interesada en los temas que aglutinan a los políticos de México, derivado de las nuevas leyes que están entrando en vigor en nuestro país, no resultará extraño que se equivoquen en los discursos, en las declaraciones, en los dictámenes, en los diagnósticos.

Si tomáramos el enfoque que se propuso para la versión 2014 del Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), rediseñando el mundo… El evento de Davos fue para los políticos el escaparate de lucimiento y presunción; el presidente Peña acudió para hablar de las reformas legislativas de México. El propio presidente del foro, al término de la ponencia del Peña; prefirió preguntarle de la seguridad nacional y dejar de lado el discurso de las reformas. El gobierno japonés también llevó un discurso de reformas estructurales en ese país, la presidenta de Brasil llevó discurso de reformas económicas y grandes inversiones en infraestructura y así sucesivamente. Pero no es de extrañar que así suceda, también para eso fue pensado el WEF en el mes de enero, como el de verano de cada año en China.

Está por iniciar el nuevo período ordinario del poder legislativo en nuestro país. La agenda está llena de iniciativas para las leyes reglamentarias de las ya aprobadas reformas; hasta se han dejado escuchar declaraciones de los legisladores en el sentido de tener la agenda saturada y la posibilidad de no poder agotar todo los temas en el próximo período. Sería la primera ver en la historia del poder legislativo que trabajen incansablemente, para estar al día con el trabajo legislativo.

Sí creo en que tengan como primera tarea, leer las leyes aprobadas por los propios legisladores, ya que votaron las leyes para darle términos constitucionales a los acuerdos del pacto por México, es decir, deberán dedicarte un tiempo a leer lo que votaron, aunque sea después.

Son tantos los asuntos que se derivan de las traídas reformas, que le haría bien a los legisladores tomarse unos cursos de actualización política para que los ciudadanos interesados, los técnicos que sí han estudiados las nuevas leyes, los asesores que les preparan los discursos que deben leer; les expliquen los contenidos de lo que votaron.

El tema de las reformas tiene su prueba en la implementación que venga desde el poder ejecutivo, deberán elegir con cuál de las reformas iniciar el trabajo de las reglamentarias e implementar las decisiones que comuniquen a la sociedad en que consistieron los cambios estructurales, es decir, llevar a la práctica de políticas públicas, a la aplicación presupuestal, a los concursos y licitaciones que procedan de las nuevas reglas.  

Hasta que no se vean las aplicaciones podremos afirmar el alcance de los aciertos en las reformas, mientras tanto las promesas publicitarias del gobierno mexicano en el sentido de que bajarán los precios de la luz y mejorará la economía familiar son verdades a medias que distan mucho de promover confianza de los ciudadanos en sus gobiernos, parecen manejos publicitarios del viejo sistema político.

El beneficio de la duda prevalece, que hay reformas es un buen principio, que haya reglamentarias, será un importante avance, que se apliquen y ejecuten conforme a las nuevas leyes reglamentarias será el reto del actual gobierno; queda latente que buenas ideas plasmadas en las leyes, terminen siendo implementadas con las viejas costumbres y normatividad del ejecutivo con absurdas cargas burocráticas, como hasta hoy, confirmando que una es la velocidad que tiene la sociedad y su entorno nacional e internacional y otra, muy lenta, es la velocidad del gobierno.

Al interior de los partidos políticos se vive otra realidad, contrastante con la que se vive en la sociedad, sus prioridades están en función de los procesos electorales, las posiciones en los poderes, el manejo de prerrogativas, el tráfico de influencia, las cuotas de poder, el desdén por las prioridades del país, los arreglos entre los grupos al interior de los propios partidos. Con esas preocupaciones, como prioritarias en sus agendas internas, sin contar sus tiempos y espacios, que les demandan las gestiones al margen de la ley, pues sí que estarán muy ocupados, y hasta es posible que no les alcance el tiempo del período para estudiar, votar y dictaminar lo que les es propio al trabajo legislativo. Esperemos que los legisladores responsables contagien a los demás para jerarquizar sus prioridades por el bien del país.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

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