Cuatro de cierre, cuatro de pronóstico

Gerardo Mosqueda

Rápido se dice como cerró la tasa inflacionaria en 2013 y como pronostica el banco de México que cerrará la inflación en 2014.

Un indicador tan importante requiere ser entendido e interpretado de manera adecuada para estimar los impactos que tuvo (el de cierre) y tendrá (el de pronóstico). En casi todas las decisiones que tienen vertientes económicas.

En el marco del encuentro del director de la OCDE José Ángel Gurría y el gobernador del banco de México Agustin Casterns, el comentario escueto del señor gobernador del banco central es que al final del 2014 la inflación en México cerrará en 4 %. Desde luego que el tema no era el comportamiento macroeconómico del país, ni el análisis de las variables económicas. El tema eran las reformas estructurales. Parece haber un consenso en el sentido de que el año 2013 ha sido un excelente año (también usted amigo lector se puede dar por agredido) para el presidente Peña porque logró que salieran las reformas estructurales y se pongan las bases del cambio estructural que México necesita.

Como está confirmado en la segunda semana de febrero se hará el recuento de veinte años del TLCAN (tratado de libre comercio de américa del norte), será en México, más puntualmente en el estado de México, a donde venga el primer ministro de Canadá, el presidente de USA, atendidos por el presidente de México para evaluar los resultados del tratado…

Antes vendrá la conferencia de Davos, el foro más importante en materia económica en el mundo, hacia la tercera semana de enero.

Es decir, estamos por recibir la “tunda discursiva” de inicio del año sobre las reformas estructurales para enmarcar las “iluminadas discusiones en las tribunas legislativas sobre las leyes reglamentarias de las reformas aprobadas.

Corremos el riesgo de que no exista espacio en los medios de comunicación para la expresión de los mexicanos que padecen el incremento sin control de los índices delictivos en todo el país, de que no se hable del impacto negativo del crecimiento económico de .8 % , cuando se pronosticó de 3.5%, la agenda nacional tiene como prioridades las leyes reglamentarias de las reformas y hasta ahí; mientras que el flujo del gasto de inversión deberá esperar los tiempos burocráticos y una especie de reciclado de proyectos para que “ahora sí bajen los recursos a los estos y los municipios…”

Pero hay realidades que reclaman a diario su espacio; la generación de empleos, la confianza de los inversionistas, la homologación del IVA en la frontera, la seguridad de los mexicanos… 

La construcción de acuerdos en esas materias pone a prueba a la acción política; parece que se le están acumulando los asuntos al ejecutivo federal…

Un indicador macroeconómico sin contexto puede pasar como un comentario inocuo, anecdótico, tal vez, intrascendente. El mismo indicador en un contexto como el que se está configurando en el país, puede ser preocupante, por los efectos que puede desencadenar, dicho de otro modo, sin atender de manera contundente el entorno de inseguridad, de descontrol político, de insensibilidad gubernamental los indicadores económicos se verán con pesimismo y su efecto será del mismo perfil.

Desde la sociedad se ven espacios reducidos y escasos para revertir un escenario de inseguridad, los poderes ejecutivos de los tres órdenes siguen sin comunicar que pueden ponerse de acuerdo para actuar.

Desde la perspectiva de los liderazgos de partidos políticos, (finalmente somos una lamentable partidocracia) les va a tomar meses en recomponer sus prioridades, hoy su tema es definir quién manda adentro de los propios partidos, que no es lo mismo a quien lleva el orden del día en sus juntas.

Hace bien asumir el entorno para comunicar de manera contundente que el estado mexicano es viable, una vez más.

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