También yo me quiero reformar

Gerardo Mosqueda

En los textos, guías, libretos y pautas periodísticas de los últimos tres meses, la palabra más utilizada es reforma:

Con las aplicaciones que más convenga, con los contextos menos esperados, a propósito de cualquier tema; reforma es un término adecuado para el diálogo.

El tema de las reformas ha cambiado el centro de gravedad  en las conversaciones de los mexicanos, no es para menos, veamos: el país demanda nuevas reglas para la convivencia armónica entre las autoridades y sus gobernados, claro desde hace décadas, en particular, en los últimos veinticinco años, los discursos de los presidentes fueron recurrentes, urgidores de reformas estructurales para amanecernos un día con la modernidad a la puerta de nuestra casa.

Cambiaron ejecutivos federales, ministros de la corte, legisladores por miles. Pero no se asomaron las reformas en ninguno de los tres poderes de la unión, varias generaciones de mexicanos han tenido que esperar y esperar, casi de manera indefinida.

Cuando por fin se anuncian reformas, de las llamadas estructurales, es decir, de las que esperamos muchos años, resurge el sueño de cambiar a nuestro país, olvidamos, por un momento el daño que se le hace al país con la parálisis político-legislativa, vuelve el ánimo, a pesar de todo. Sólo para pequeña muestra: la reforma laboral esperó pacientemente más de cuarenta años para que en algunos de sus mil artículos se dieran modificaciones importantes, nunca se logró el consenso, la negociación adecuada, los tiempos propicios, la alineación de voluntades, la voluntad política. No sé cuántas patrañas más. El hecho es que los poderes de la unión, no podían con sus propias reglas, menos aún modificarlas, los mexicanos sabemos esperar.

Ahora que ya nos da lo mismo si hablamos de reformas hacendarias, financieras, energéticas, fiscales, etc. Los dirigentes de los tres partidos que integran el pacto por México lo pensaron bien, el PRD tomo como afrenta institucional la reforma energética y salen a la calle sus líderes históricos (los que quedan) envueltos en la bandera de la  nacionalización a defender el petróleo como si fuera propio.

Los del PRI dispuestos con energía a defender las propuestas del presidente Peña, al precio que sea. Primero cabildearon con sus sectores y afines para proponerle a los mexicanos una reforma fiscal con IVA en medicinas y alimentos, creyeron que su capital político les daba para eso y más. Así salió su primera propuesta, que duró quince minutos, inmediatamente cambiaron el discurso, el texto y los argumentos populistas surgieron de inmediato, hoy están apostados a una reforma fiscal que les facilite el dinero que requieren las propias reformas, solo que enfocado a que los contribuyentes cautivos sean nuevamente los que paguen el precio de las reformas. Es decir, una vez más la clase media mexicana cargando con el fardo que el gobierno no se anima a poner en manos de los corporativos, que siempre encuentran el mecanismo para sacarle la vuelta a la carga impositiva.

En el PAN la apuesta es a que no salga la reforma fiscal, argumentos sobran, iniciativas de distintos matices, propuestas y cabildeo en todos los sectores y con todos los grupos de la sociedad, sin salirse del pacto por México y buscando como hacer viables las reformas estructurales, sin dejar claros los términos de lo que sí se quiere.

Para ningún mexicano hay buenas cifras en los temas de inseguridad. Los indicadores de ejecuciones, extorsiones, robo, etc. Describen a los poderes como incompetentes y a la sociedad indefensa ante realidades que no parecen tener fin en el corto plazo, es decir, el proceso de descomposición en la fuerza de orden es el factor de desconfianza en los ciudadanos que hace inviable cualquier estrategia.

Pero el tema de la justicia en nuestro país, para los poderes de la unión, también puede esperar, hay que resolver las sociedades de convivencia, la legalización del aborto, los criterios de jurisprudencia de origen, etc. Las mujeres también pueden esperar,  las podres están ocupadas con otras prioridades.

En éste México de las reformas estructurales, a los dirigentes de los tres partidos integrantes de la mesa del pacto por México, les ha venido la brillante iniciativa, casi al mismo tiempo, con declaraciones acompañadas de sesudas reflexiones, los tres dirigentes, sin perder sus respectivos contextos comunican al país que las prioridades en la reformas estructurales hacen obligado que ANTES que todas las reformas, están las reformas políticas, dicho de otro modo, primero hay que resolver la reelección de los diputados, presidentes municipales y miembros de ayuntamientos, primero hay que resolver las candidaturas ciudadanas, de coalición, la desaparición de los institutos electorales, la creación del instituto nacional electoral, etc.

Parece entendible, en el tiempo que queda del año, estén en período extraordinario u ordinario, la coyuntura es para que se resuelva lo político electoral, las reformas estructurales vendrán después, al fin que con las ya votadas, como la reforma educativa, tienen suficientes problemas y conflictos que resolver.

Al paso que vamos, yo también me quiero reformar, aunque corra el riesgo de quedar igual.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

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