Diálogo, diálogo, diálogo

Gerardo Mosqueda

Es el mejor consejo que les puedo dar a las personas que tienen responsabilidades sobre los grandes temas de la vida política, económica, cultural, para reducir la pobreza, en los medios de comunicación… Así les hizo saber el Papa Francisco en su encuentro con la clase dirigente del inmenso Brasil.

Diálogo entre las distintas estructuras sociales y gubernamentales para superar juntos las adversidades y dificultades que traen consigo los proyectos de progreso; donde, la visión es ganar-ganar; es decir, el mayor bien para todos. No está en un proyecto humanista el gobernante que vuelve a pedir sacrificio a quienes siempre han vivido con sacrificios, cuando vemos que la evaluación de índices de pobreza nos informa que sigue creciendo el número de pobres.

La polémica sobre el número de municipios que “tendrán que esperar” para recibir los programas de cruzada contra el hambre, padece de indolencia. ¿Qué no fue la lista de los municipios que deberían tratarse con emergencia por los índices de pobreza y marginación en que se encuentran?

Cada voz autorizada en la materia. Tiene la razón, tiene la mejor explicación, tiene los datos más precisos, las instrucciones más claras… Pero no le llegan a los más pobres los recursos, los programas, los apoyos. Para qué sirve la polémica si no hay eficacia en las acciones.

La reforma energética está en las prioridades de todos los actores políticos, empresariales, sindicales, partidistas, etc. tanto nacional como extranjero, ha sido tan intensa la polémica que se mantiene como prioridad nacional desde hace veinte años. No hay lugar a duda, se ha tenido un largo diálogo… De sordos.

El resultado, es que debe venir una reforma energética; la misma convicción de todos y cada uno de los años que se ha planteado.

Este tipo de diálogo, el de la simulación, el que se resuelve con negociaciones encubiertas ha permitido que los dirigentes del gremio sindical operen miles de millones de pesos, con impunidad, con cinismo, haciendo de las empresas paragubernamentales la figura ideal para convertirse en multimillonario mientras los voceros de los partidos gastan sus mejores piezas retóricas en las tribunas legislativas y ante los medios de comunicación con mensajes patrióticos, consumiendo el tiempo de progreso del país.

El diálogo requiere una importante dosis de ética en los actores; de convicción en los argumentos; de visión humanista en los fines. Es decir, el diálogo que necesita el país será eficaz en la medida que sea congruente; actores políticos que antepongan el respeto por la verdad y el bien como premisas de la acción política. 

El diálogo es la gran oportunidad de RESTABLECER LA POLITICA, donde nuevas generaciones de políticos den nuevas formas a la acción política a partir de la congruencia en sus principios y no de negociaciones pragmáticas, fruto de visiones de corto plazo que sólo aporta “triunfos pasajeros” derivados de maniobras que casi siempre tienen como medida la expectativa del grupo político, muy lejos de ver por el bien común, más lejos del respeto a la dignidad de persona de los ciudadanos afectados o beneficiados por dichas acciones.

El diálogo que restablece la política requiere de líderes sociales que vean sus oportunidades de acción económica en las gestiones de bien común, donde arriesgar su capital trae consigo la velocidad de respuesta en los bienes particulares de las familias que más lo  requieren.

Nada afecta más en las decisiones de servicio a los ciudadanos que acciones corruptas donde ciudadanos pudientes se ven coludidos con gobernantes sin carácter que ceden a comisiones, a ganar dinero ilícito, que proviene de los mismos recursos públicos. Vulgarmente le llaman “diezmos”, casi siempre se argumenta que es para causas nobles. Pero se rebasa los límites del cinismo, cuando los mismos corruptos del gobierno o de los grupos pudientes levantan la voz en sus discursos advirtiendo sobre los riegos de la corrupción en las acciones de las autoridades.

Restablecer la política es posible, con diálogo.

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

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