Obligado

Gerardo Mosqueda

Así es, obligado por las circunstancias del torneo de futbol, vine a escribir después del partido entre el Atlante y el León. Feliz inicio de temporada gracias al gol del santanita Castañeda.

Con mucho mejor ánimo que el que se tiene después de leer sobre el simposium mariguano,
la muy larga y lamentable lista de ejecutados por todo el país, sin excepción de mi estado, el pre-debate de la reforma energética y la nueva licencia del gobernador de Michoacán.

No me parece más importante el deporte, me parece que son importancias diferentes y conviene dimensionarlas, para ver su mejor utilidad en el equilibrio emocional, haciendo una adecuada combinación.

No me afecta verme obligado, si dicha obligación es buscada.

El exsecretario de salud Julio Frenk aportó un dato importante para la reflexión; la esperanza de vida en México ha disminuido 0.9 años como consecuencia de la violencia que ha vivido el país en los últimos años. A reserva de comprobar; la afirmación deja un indicador de un impacto contundente para la vida nacional, las muertes que representa éste dato se encuentran en los segmentos de edad productiva y están vinculados a la violencia que genera la acción del crimen.

Poner en crisis la esperanza de vida de un país es una afirmación de una trascendencia generacional, obliga a poner en acción todas las estructuras productivas con un claro enfoque a los jóvenes. Son la fuerza estratégica de México si se alinean las acciones de sociedad y gobierno, el enfoque a las nuevas generaciones permite diseñar políticas públicas para todos los mexicanos que se encuentran en edad productiva.

El primer indicador que debe orientar las acciones tiene que ver con la tasa de crecimiento económico del país, mientras sigamos la inercia de crecimiento de 2 % en promedio anual desde hace 13 años, estamos atrasando el desarrollo de todos, no sólo de las generaciones de jóvenes, es decir, para que crezca al doble el ingreso per cápita, tendríamos que esperar unos 90 años y poder influir en los indicadores de competitividad internacional. A menos que se den cambios estructurales que estén orientados por los retos del crecimiento en las tasas de educación, de empleo productivo, salud y por supuesto de disminución de la pobreza y erradicación del hambre de los mexicanos.

Mientras los “líderes de los partidos” sigan teniendo como rehenes de sus mediocres confrontaciones a las reformas estructurales, seguimos atrasando las posibilidades de desarrollo de México. Ya está en puerta la discusión sobre la reforma energética y veremos las aburridas polémicas entre la izquierda apolillada y los otros partidos; entre los senadores calderones y los senadores maderos; entre los alineados al ejecutivo federal y los que le siguen creyendo al diputado Beltrones.

El segundo indicador tiene que ver con el crecimiento de la infraestructura, especialmente la industrial, educativa de salud, carretera, telemática, digital, de crecimiento productivo en el campo mexicano y en particular de explotación de los litorales.

Sin infraestructura no hay desarrollo. Nada caminará más rápido en el país si la infraestructura se queda rezagada; en particular la que se refiere al desarrollo humano, es decir la que se refiere a ser mejores ciudadanos, más competitivos, con visión global, liberados de los vicios que el sistema político le ha endosado a la sociedad, por los que tenemos retraso en todos los factores que afectan la vida nacional. 

¿Cómo cuales vicios? Corrupción, por mencionar el que más daño ha hecho por décadas, los políticos corruptos son causa de los grandes males que padece la nación.

Si le van a entrar a la reforma energética y no se toca a fondo la corrupción en Pemex, en particular al sindicato, corren el riesgo de ser letra muerta, como hoy está en riesgo la reforma educativa, que no da pasos firmes a la implementación de la reforma y los términos de la ley reglamentaria.

Estamos a tiempo de reformas que le den esperanza a los mexicanos.

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