Reelección, Sufragio Efectivo.

Gerardo Mosqueda

Quien lo iba a pensar, cien años después, el concepto revolucionario que detuvo el pleito entre caudillos, sufragio efectivo, no reelección; concepto acuñado con dedicatoria a toda la lista de caciques de la época, viene ahora a poner el tema para la reflexión política.

Después de algunas décadas, vemos con claridad que las luchas revolucionarias, de donde se desprende un idealismo indigesto, por el que se gritan vivas a la revolución mexicana, fueron luchas por tener mejores y más grandes porciones de poder; político, económico, mediático.

Sin duda que conformó una especie de “forma de pensamiento” en muchas generaciones de mexicanos la sola idea de formar parte del presupuesto, estar cerca del que manda, ser uno de los que reparten las cuotas de poder, que por supuesto, viene siempre acompañado de cuotas económicas. Hasta nuestros días.

Una vez superada la batalla a muerte por el poder entre los caciques revolucionarios, viene la institucionalización de la misma lucha por el poder, solo que ahora con acuerdos revolucionarios: un gran “dador” de las cuotas y muchos subordinados hasta la ignominia con el propósito de recibir la cuota en turno, que ya mejoraría el escenario en otro momento, es decir, al que no le tocaba alguna porción importante de poder y gestión económica; tendría que esperar… Así de sencillo, te disciplinas o estás fuera del presupuesto, hasta encontrar mejores oportunidades.

En esa disciplina se formaron los políticos del sistema revolucionario mexicano durante siete décadas y aunque hay un período de alternancia con los gobiernos de Fox y Calderón, la ” forma de pensamiento” no cambió de manera sustantiva, Fox cohabitó con la estructura del viejo sistema y desdibujó la alternancia y alejó la posibilidad de un nuevo sistema. Calderón reinterpretó las prácticas revolucionarias, las aderezó con “discursos de bien común” y los puso a trabajar en torno a su persona, es decir, como en el viejo sistema, con los del viejo sistema y pretendiendo crear un escenario que le favoreciera a él, a pesar de acción nacional.

Que difícil combinación, cuando la cohesión política es derivada de la subordinación ciega al jefe de gobierno en turno, cualquiera que sea su origen ideológico o las alianzas político-pragmáticas que pensaron deberían sustentar la continuidad en la acción de gobierno, el resultado, pronosticado; el jefe de gobierno de nuestro país, es el signo del retorno a mismo partido del que parecía que se habían librado las nuevas generaciones de mexicanos.

En este contexto, y durante casi cien años. Sigue vigente en mandato constitucional: sufragio efectivo, no relección.

Hoy las voces vienen desde los propios gobiernos municipales. Los presidentes municipales de todos los partidos quieren reelección, alargar los períodos de gobierno, cambiar las leyes orgánicas para permanecer en el poder.

La autonomía municipal que se define en el 115 constitucional, sería suficiente para plantearse las reformas que en los mismo gobiernos locales se quieran dar. No hace falta más que acuerdos de ayuntamiento.

Sin embargo, hace falta una especial movilización política para darle cause a ésta nueva corriente de pensamiento en las autoridades locales del país.

Por lo pronto coinciden los integrantes de las asociaciones de presidentes municipales de los tres partidos más conocidos en el país, hace falta que los comités nacionales de los tres partidos, el ejecutivo federal, los que van al pacto por México se pongan de acuerdo para privilegiar en la agenda de la reforma política, teniendo como centro de la reforma al Municipio.

Hay que ver quien será el primer gobernador que le entre al experimento de modificar la ley orgánica de los municipios de su estado, para la reelección y para períodos de cuatro años, como ya se está ensayando en algunos municipios del país.

El escenario de la reelección municipal es ahora; para la reforma política estructural la divisa es sufragio efectivo, reelección!

Hasta la próxima en PROSPECTIVA.

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