¿Qué hacemos con la corrupción…?

Gerardo Mosqueda

Este jueves y viernes próximo pasado se celebró en la ciudad de Puebla la reunión anual del Sistema INAP-IAP, es la reunión que define las prioridades en la agenda del sistema más importante que existe en el País para la formación de servidores públicos. Lo integran veintidós institutos de Administración Pública de otros tantos estados, la escuela de administración Pública del gobierno del Distrito Federal y el Instituto Nacional.

En un balance estimado por los presidentes y secretarios ejecutivos presentes se atendieron durante el año pasado cerca de 53000 servidores públicos de los tres órdenes de gobierno y de los tres poderes.

El TEMA: Políticas Públicas para evitar la Corrupción.

Con ponentes de transparencia Mexicana, de la OCDE, del gobierno de la República, del Órgano Superior de Fiscalización, pero sobre todo con la participación de miembro del sistema INAP-IAP, buscando respuestas, para hacerle frente a la pregunta cómo evitar la corrupción en la acción gubernamental.

Es el más grave problema de nuestro País, cuando hay corrupción, se pierde la confianza de la sociedad, por el enriquecimiento de unos cuantos funcionarios y sus contra partes en la sociedad, unos cuantos proveedores, se hace un daño, las más de las veces irreparable.

México forma parte de acuerdos y conferencias internacionales que durante 17 años se han aplicado a compromisos vinculatorios, todos ellos, para combatir la corrupción. En la aplicación de dichos acuerdos el  resultado ha sido nulo, la corrupción crece exponencialmente.

Organizaciones como transparencia mexicana, han logrado establecer indicadores desde hace unos diez años y al menos logran establecer variables medibles, diseñan metodologías confiables para referirse a esos miserables fenómenos de corrupción. No sólo estudios que midan la percepción, también indicadores con base censal, es decir como se les llama ahora: datos duros, para comunicarle a la opinión pública, que los indicadores lo que revelan es la falta de integridad ética, los indicadores ayudan a ver el tamaño del problema, pero también un modo organizado de presentar los datos obliga a tomar decisiones que lleven el carácter de Políticas Públicas, es decir reglas de conocimiento general, para aplicar a toda función gubernamental.

El Presidente Peña propone una comisión anticorrupción, la opinión de expertos se encamina a que exista un fiscal anticorrupción, que asuma a plenitud las facultades, el tema se discute en el senado, mi modesta opinión es que una comisión es un mecanismo elegante de diluir el compromiso de enfrentar los problemas que se derivan de la opacidad y de la actuación perversa de servidores públicos que denigran la función, por su actuación corrupta.

No tarda en que se presente la propuesta de la comisión anticorrupción, al menos hay un consenso nacional, ya basta de consentir a los funcionarios corruptos.

Si se les tiene que procesar ante la justicia mexicana y dicha comisión no tiene facultades, será un intento histórico, tirado a la basura, tendremos el más costoso mecanismo para validar que las acciones de los corruptos en el País no son prioridad y seguiremos viendo como se manipula con los recursos públicos operaciones fraudulentas, compras y adquisiciones que rebasan la imaginación. “mordidas a funcionarios”, que siguen burlándose del marco legal, empresarios o ejecutivos de empresas que no tienen problema en presupuestar cantidades de dinero que sirve para que se violen leyes y lograr las mejores condiciones a sus  proyectos y sus intereses.

Si ésta realidad no es privativa de México, no sirve de consuelo, el daño que se le hace al País, impacta ya en las nuevas generaciones, no sólo en la sociedad económicamente productiva, por desgracia, en la que está por venir al sector de la población económicamente activa, los jóvenes, que si ya les parece familiar que el que no  tranza  no avanza, verán un sistema social, legal,  moral vulnerado.

Estamos a tiempo de reorientar el rumbo, que bueno que hay estadísticas para conocer el tamaño del problema, estamos a tiempo de entender que los indicadores describen la realidad, los valores éticos cambian la realidad.

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