México y la emergencia educativa

Benjamin-Castillo150x150

La educación es una responsabilidad que todas las personas compartimos. El ser humano está llamado a desarrollarse para afianzar su identidad y alcanzar su plenitud, lo cual no se puede lograr sino en la mutua relación, pues fuimos creados para vivir y crecer con los demás y para los demás.

Por la Encarnación, Dios vino a nuestra historia, asumiendo Él mismo todo lo humano y descubriéndonos que su Persona es “camino, verdad y vida”. En este contexto, la Iglesia continúa la misión de su fundador acompañando a los creyentes y prestando un servicio a toda la sociedad en este proceso permanente de búsqueda y conquista de su realización, conforme a las exigencias de su dignidad y a las oportunidades de cada época y situación cultural.

Por ello, los obispos mexicanos, después de dialogar con numerosos actores de la vida social – especialmente los dedicados a la educación–, invitamos a todos a participar con la mayor seriedad y prontitud en la respuesta a este gran desafío que a nivel mundial se reconoce como una emergencia educativa. Los efectos de esta emergencia educativa se manifiestan en un sinnúmero de realidades sociales, económicas, políticas, culturales y, también, religiosas que estamos padeciendo.

Es nuestra obligación, como sucesores de los apóstoles, dirigir palabras de verdad a un pueblo que vive horas aciagas y que, al no encontrar salida, corre peligro de perder sus valores de identidad, profundamente cristianos.

En el documento preparatorio para la XIII Asamblea General del Sínodo de los Obispos, a celebrarse en octubre de 2012 en el Vaticano y que será la puerta de entrada al Año de la Fe, se describe el tema de la emergencia educativa y las consecuencias de transmitir la fe y los valores a las nuevas generaciones; transmisión que, en sociedades tradicionales como la nuestra, se daba por un hecho y que no se está produciendo:

“Aquí está la emergencia educativa: ya no somos capaces de ofrecer a los jóvenes, a las nuevas generaciones, lo que es nuestro deber transmitirles. Nosotros estamos en deuda en relación a ellos también en lo que respecta a aquellos verdaderos valores que dan fundamento a la vida. Así termina descuidado y olvidado el objetivo esencial de la educación, que es la formación de la persona, para hacerla capaz de vivir en plenitud y de dar su contribución al bien de la comunidad. Por ello crece, desde diversos sectores, la demanda de una educación auténtica y el redescubrimiento de la necesidad de educadores que sean verdaderamente tales. Dicho pedido asocia a los padres (preocupados, y con frecuencia angustiados, por el futuro de los propios hijos), a los docentes (que viven la triste experiencia de la decadencia de la escuela) y a la sociedad misma, que ve amenazada las bases de la convivencia”.

Pensamos, finalmente, que la emergencia educativa que padece México, no deja lugar a justificaciones e inacciones: o actuamos ahora, o las próximas generaciones nos lo van a reclamar con vehemencia y acritud. Quienes seguimos a Jesús, aún en este difícil escenario, proclamamos que hay Esperanza e invitamos a todos los hombres y mujeres de buena voluntad a descubrir algunas razones para ello en los siguientes temas.

@diocesis_celaya 

Deja un comentario