México: una cultura de raíz cristiana

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El pueblo mexicano conserva tradiciones culturales muy vivas que ha heredado y conforman el modo en que miramos el mundo, lo interpretamos y nos enfrentamos a él. Nuestra riqueza cultural, con la multitud de etnias, lenguas, tradiciones y costumbres que la integran, es sostenida por un sustrato que la cohesiona mediante su historia, sus valores y sus aspiraciones comunes.

Dentro de esta pluralidad cultural, hay elementos valiosos de unidad e identidad nacional, la mayoría nacidos, justamente, de la fe cristiana.

Los obispos de México, en nuestra Carta Pastoral para conmemorar el Bicentenario del inicio de la Independencia y el Centenario de la gesta revolucionaria en México, señalamos que “una buena parte de nuestro particular modo de ser como pueblo se encuentra marcado de manera directa o indirecta por los valores procedentes del cristianismo”.

Junto con otras raíces culturales y presencias sociales significativas que también han contribuido a delinear el perfil de nuestro pueblo, el cristianismo “ha configurado y continúa configurando una parte sustancial de la vida personal y comunitaria de los mexicanos”.

“Sin embargo, tenemos que aceptar que esta preciosa tradición comienza a erosionarse”, y que en nuestro País se observa el mismo fenómeno que a nivel mundial, donde cada vez es más difícil comunicar a las nuevas generaciones certezas y valores, algo creíble sobre lo cual se pueda apoyar la vida.

En una sociedad plural y de identidades débiles, marcada por una fuerte tendencia a la homologación, el patrimonio moral y espiritual corre el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y el relativismo, potenciado por los medios de comunicación, así como la reducción de la fe a un ritualismo por la ausencia de un conveniente itinerario formativo. Esta situación “constituye un factor de empobrecimiento, no sólo para la Iglesia, sino para el conjunto de la sociedad mexicana”.

A continuación, enumeramos cuatro aspectos históricos y socioculturales que debilitan nuestra identidad como nación mexicana, con valores fundacionales estrechamente ligados al cristianismo:

­Una particular dificultad para abrazar nuestro pasado; pasado valioso e importante para la formación de nuestra identidad. Dificultad para reconciliarnos con nuestras raíces indígenas y europeas, todas ellas vigentes y actuales. Así mismo, dificultad para reconciliarnos con cada una de las etapas históricas que conforman nuestra cultura que permita superar el desprecio y la desconfianza de unos y otros y entre las distintas clases sociales.

­ Ausencia de una valoración crítica y propositiva de nuestra historia y de nuestro pueblo, que pueda generar personas sólidas, creativas y constructivas, capaces de colaborar con los demás a un desarrollo sin injusticias ni discriminaciones. Sin una correcta valoración de la propia historia y por tanto de la propia identidad, la persona es más vulnerable y se ve permanentemente amenazada por nuevas formas de colonialismo cultural, que a la larga son fuente de tensiones.

La presencia constante de algunos hechos históricos, marcados por un contexto jurídico, político e ideológico adverso, que no respetaron las raíces culturales de nuestro pueblo y que han marginado, gradualmente, la dimensión religiosa de los mexicanos, replegándola hacia lo privado y excluyéndola del ámbito público.

Paulatinamente nos hemos acostumbrado a vivir nuestra religiosidad de manera censurada, reducida, desvinculada de aspectos concretos de la vida y de la cultura en general.

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