Madre María del Rocío Reyes Lozano

Consejera, amiga, amorosa, disciplinada y siempre dispuesta a ayudar a los demás; una mujer que transmite paz, armonía, pero sobre todo alegría, con esa sonrisa que le ilumina el rostro y que la caracteriza, así es la Madre María del Rocío Reyes Lozano.

Esta destacada religiosa ludovicense nos compartió un sabio mensaje: “La vida es muy corta, por más que vivamos 110 años si no eres feliz ¿para qué viviste? Dios nos hizo para ser felices”.

Sus 50 años al servicio de la educación le han dado un sinfín de satisfacciones, pero lo que más disfruta es brindar apoyo, escuchar y aconsejar a los jóvenes, a quienes hace llegar el amor que a ella le sobra.

Entusiasmada, la Madre Rocío recuerda su infancia en San Luis de la Paz, aquellos tiempos en los que corría y brincaba en el jardín y en el kiosko; con cierta añoranza evoca sitios que en la actualidad ya no son visitados como El Chorrito y otros manantiales, así como La Alameda, que algún tiempo, dice, estuvo llena de rosas. La visita a la nevería y los días de campo en el cerro son de los recuerdos más gratos, los cuales pertenecen a esa niñez en la que vivió plena y feliz.

En la adolescencia descubre su vocación, ya que en aquel tiempo no había secundarias en San Luis de la Paz, por lo que emigró a León, Guanajuato. Es a los 16 años cuando nos comenta: “Me di cuenta que yo no quería amar a un sólo hombre, yo quería amar a mucha gente”, refugiándose en la religión para cumplir este propósito.

La Madre Rocío disfruta de su vida religiosa, pues entre lo más placentero está el poder entregarse a los demás, hacer el bien, pero sobre todo ese momento espiritual de oración con Cristo. A la religiosa desde siempre le han gustado todos deportes, a excepción de la lucha libre, es fanática del futbol y fiel aficionada de las Chivas Rayadas del Guadalajara.

“Soy Chiva desde el vientre de mi madre, pero también le voy al León”, nos compartió, lo cual se ve reflejado en los diversos artículos del este club que se dejan ver en su oficina y a los que también les tiene cierto cariño.

Los cueritos, las enchiladas suizas, el pozole, los tamales y los chicharrones con pico de gallo, son sus platillos favoritos, y hablando de postres el pastel casero de limón con azúcar glas y los dulces de Día de Muertos son de su predilección.

Tres veces a la semana por las mañanas, la Madre Rocío lleva la comunión a enfermos, presos y personas de la tercena edad, a quienes también les comparte su tiempo para escucharlos y aconsejarlos.

Por las tardes funge como directora del Instituto La Paz, lo cual es una de las satisfacciones más importantes de su vida, pues goza de encaminar a los jóvenes, compartiéndoles el mensaje de que “la disciplina es la responsabilidad más grande, ahí se van formando los valores”.

Su formación académica es muy completa, ya que estudió la licenciatura en Ciencias Naturales, la especialidad en Biología, Física y Química, para concluir con la maestría en Formación Docente. De ahí su gusto por las plantas y animales, en particular con los peces.

Aunque señala que a los alumnos en algunas ocasiones los tiene que regañar por su propio bien, no puede esconder la amabilidad, el cariño y el apego que siente hacia ellos.

Deja un comentario