La tarea educativa y el cambio de época

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En la compleja realidad social que vive nuestro país, los signos positivos de esperanza y de vida se entrelazan con las manifestaciones y acontecimientos sembradores de violencia, de frustración y de muerte que afectan a todos los ciudadanos y en particular a los cristianos.

Al asumir Jesucristo la condición humana, no sólo le dio un nuevo sentido a la historia de los hombres, sino que sembró en ella, mediante su Resurrección y la acción vivificante del Espíritu Santo, el germen de la esperanza, de la felicidad y de la inmortalidad.

El testimonio de su vida, su Evangelio y su Espíritu, nos obligan a leer los acontecimientos, por más dolorosos que sean, como “signos de los tiempos”; es decir, hechos significativos y esperanzadores que nos interpelan para vencer el mal con el bien. La presencia del Resucitado en su Iglesia es garantía de triunfo sobre el mal, el pecado y la muerte. Hemos sido salvados en esperanza y avanzamos hacia la victoria. Lo cual no impide que nuestra responsabilidad y compromiso sea con el aquí y el ahora.

El cambio de época

Uno de los enunciados centrales del documento conclusivo de la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, celebrada en Aparecida, Brasil, en mayo de 2007, establece que nos encontramos inmersos en “un cambio de época cuyo nivel más profundo es el cultural”. La cultura implica “el ambiente vital de la persona, el modo en que se relaciona consigo misma, con sus semejantes, con la naturaleza y con Dios” y, por tanto, la manera en que se concibe y expresa el significado de la existencia.

La cultura, por naturaleza se comunica, se crea y se recrea a través de la educación. El cambio cultural que experimentamos ya, exigirá su correspondencia en el campo educativo.

Hay una serie de preguntas que nacen de la urgencia por comprender la realidad que nos interpela, y de responder como sociedad y como Iglesia a las exigencias educativas del corazón de hombres y mujeres de nuestro tiempo. Tres son, a juicio nuestro, las más acuciantes:

– ¿Cuáles son los rasgos característicos de este profundo cambio cultural del que también somos autores?

– ¿Qué impacto tiene este cambio en la persona y cuáles son las exigencias educativas que de ahí brotan?

– ¿En qué consiste el cambio de época?

Cada etapa de la historia de la humanidad se distingue de las demás por el conjunto de certezas que a nivel cultural definen la vida de las personas y de los pueblos de esa época. Observamos, por ejemplo, en la cosmovisión colectiva, diferencias muy claras entre el mundo precolombino, el periodo colonial, la época de las independencias nacionales y el actual momento latinoamericano influido por la dinámica de la globalización.

Cada una de estas épocas posee un conjunto de valores no cuestionados, que configuran un paradigma, es decir, una base sobre la que se desenvuelve la vida de las personas, de las sociedades y de las instituciones.

El cambio de época actual tiene un impacto a nivel global en todos los ámbitos: económico, político, social, religioso, cultural, educativo, y “modifica valores y comportamientos en todo el planeta, impactando en las tradiciones y en la identidad de los pueblos“. Se dilata de manera exponencial a través del desarrollo de las tecnologías y los medios de comunicación, como es el internet, con capacidad de poner en contacto recíproco a personas, superar distancias e intercambiar información de manera inmediata.

El propio cambio de época lleva consigo una fuerza trasformadora que impacta en las más profundas dimensiones de la vida cotidiana de las personas y de las comunidades. En una apretada síntesis, vamos a tratar de enumerar las principales consecuencias de este fenómeno que –con clarividencia— resaltó Aparecida.

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