Presupuestos y nuevas estructuras

Gerardo Mosqueda

Es un síntoma de estos tiempos. Los nuevos gobernantes animan sus decisiones con su visión y realizando diagnósticos de una problemática que no ha variado sustantivamente en sus índices, excepto porque, los programas gubernamentales que siguen llegando algunos años tarde, hoy tienen información medianamente actualizada.

El país es más pobre, la distancia entre los que más tienen y los que menos tienen, se incrementa y provoca crispación social, convertida en violencia intrafamiliar, desesperanza, irritación social, pérdida de la credibilidad en las autoridades y cualquier otra figura de orden social, no se diga en los asuntos que implican temas de delincuencia en cualquiera de sus manifestaciones.

Los esfuerzos por ampliar el segmento de clase media en el país se diluyeron. Si se mejoraron los índices de eficiencia terminal en la educación media y superior, pero las nuevas generaciones no están ganando más que su anterior generación, cuando estaban en los mismos segmentos de edad, con la diferencia que en números absolutos hoy son más jóvenes mexicanos que no encuentran oportunidades.

La economía del país con tasas de crecimiento anual de 2 y 3 %, viene dejando un rezago que ahora se puede ver ponderado por las crisis económicas de las tres principales economías del mundo, Estados Unidos, China y Europa. Es cierto que las tasas de desempleo se mantienen en el orden de 5 a 7 %. Que comparada con las tasas de España de 25% pareciera que debiéramos de estar muy tranquilos con lo que está pasando en el país. Pero las comparaciones sólo sirven para ilustrar académicamente, no resuelven tener mejor condición de vida ni mejores condiciones de gasto.

Los cambios en las administraciones parece que se distinguen por el reconocimiento de que hay mucho más por hacer, creo que lo oímos y lo leemos cada sexenio, cada trienio; según se trate. ¿Cuándo escucharemos que queda poco por hacer?
¿Cuándo comentaremos que las políticas públicas adelantaron los escenarios para que ya no se sigan dando las condiciones de rezago?
¿Cuándo estará a nuestro alcance la afirmación de que las políticas públicas cumplieron con su cometido, tuvieron la autoridad actuando de manera oportuna y lograron evitar que se descompusiera el entorno social, económico y sobre todo moral?

He dicho que sobre todo moral porque este parece ser el ingrediente que se queda ausente en los ejercicios de diagnóstico, en las reuniones de compromiso, en los presupuestos, en las decisiones del día a día, siempre es el colofón de los discursos. Parece un propósito no dejar el tema de lado, tampoco que sea el centro de las decisiones, sólo hay que hacer mención, para evitar reclamos…

Y una vez que sale a la luz pública que hay dudas sobre los informes de los gobernantes y los recursos ejercidos, la estructura invertida y otras lindezas parecidas; entonces el recurso a usar es el discurso emotivo, sentimental, chantajista. ..Puse todo mi empeño, dejé la estructura puesta… Sólo falta completar las acciones menores… Con la aprobación de los poderes legislativos se consolidará… Y un largo etcétera. Que se debería traducir en no pude.

Con los cambios en las administraciones públicas hoy es el tiempo de estrenar un discurso que ya no diga lo que falta, para qué queremos oír lo que ya sentimos en la vida cotidiana, no porque no se quiera reconocer. Es porque se quiera resolver y darle a nuevas generaciones las áreas de oportunidad que están esperando.

Las estructuras gubernamentales son una carga para el gasto del país, lo seguirán siendo mientras no se suplan estructuras por sistemas y tecnologías, sobre todo si los servidores públicos no están siendo capacitados y que tengan las competencias de servicio público que genere en la sociedad la satisfacción de sus necesidades y la percepción de que hay mejora en la calidad de servicio que es lo único por lo que se distingue un servidor público.

A los servidores públicos les hace bien reconocer que con su trabajo tienen la gran oportunidad de servir a los ciudadanos, que los cargos no pueden seguir siendo el pago por sus compromisos políticos y que el tiempo que tienen para su cargo es breve, por lo tanto la prisa debe ser por servir a la sociedad, por engrandecer a la nación con aspiraciones que nos comprometan como sociedad y no se dé la circunstancia de que los ciudadanos se cansen
cada vez mas rápido, de escuchar discursos que no comunican sus compromisos con la sociedad en general y si el compromiso con los que se vieron involucrados con su elección.

Es tiempo de bien común y de justicia social, las dos cosas, una sociedad interesada en los quehaceres públicos y un gobierno que escucha a la sociedad. Con un denominador común: respetar la dignidad de todos los ciudadanos como premisa ética para evitar corruptos y corruptores.

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