El regreso de la política

Hay un signo distintivo que está aconteciendo y que se ha hecho evidente desde la designación del gabinete hasta la gira del presidente Peña Nieto a Monterrey: el regreso de la política. Podríamos argumentar que nunca se fue, que siempre ha habido política; sin embargo, hasta hace unos días, fue clara la ausencia o al menos la presencia disfrazada del cuidado de las formas, el respeto a todos y la construcción de acuerdos como elementos fundamentales del quehacer político. Considero que el estilo de los dos antecesores del presidente Peña estaba permeado por su condición y convicción de opositores, por lo que se les dificultaba entender el significado de la institución presidencial y que lo que se hace o se dice desde ésta tiene consecuencias serias y genera inercias positivas o negativas hacia el conjunto de la sociedad.

Así, un Presidente pendenciero propicia que sus colaboradores y correligionarios en el Congreso y en los gobiernos locales actúen de la misma manera. También esto acontecerá con un sector importante de la opinión pública y la línea editorial de muchos medios de comunicación. Para bien o para mal, el Presidente es la institución más importante del sistema político, de allí la necesidad de que la prudencia y la institucionalidad sean premisa básica y fundamental de su actuación.

En esto tiene que ver la personalidad, el carácter y temperamento del titular, pero también con su formación y, desde luego, con la dinámica que se genera en el equipo cercano. Las mejores decisiones de un Presidente, desde Plutarco Elías Calles, pasando por Lázaro Cárdenas, Miguel Alemán, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas o Ernesto Zedillo, ocurren en el encuentro de lo que el Presidente quiere y cree en su intimidad y lo que los colaboradores cercanos pueden hacer con una opinión honesta y, sobre todo, advirtiendo los contrapuntos, riesgos y posibilidades reales de lo que se pretende. Incondicionales, poco profesionales y de perfil ideológico, que simplemente no funcionan, pueden llevar al Presidente a un desapego de la realidad y a cometer errores elementales.

Uno de los mayores problemas que se han generado en el pasado reciente es una viciada relación con los gobernadores, la mayoría, de un partido distinto al del Presidente. Muchos se acostumbraron a aceptar el maltrato a los gobiernos locales por parte del Presidente. La corrupción, que desafortunadamente está en todos lados, se remitió, a partir de una estrategia claramente enfocada en contra el PRI o PRD, a los gobernadores. La colusión con el crimen organizado, que también ha afectado a las instancias federales, se hizo creer que era exclusiva y generalizada en los gobiernos locales. También se hizo pensar que las deudas y el mal manejo financiero eran el común denominador de los gobiernos estatales. La indolencia frente al crimen se asoció a los gobiernos estatales. Las mediciones del Gabinete de Comunicación Estratégica constatan que en 2007 los gobiernos estatales estaban evaluados, en promedio, ligeramente mejor que el presidente Calderón; en 2102 hay un deterioro significativo, la estrategia impactó en la imagen de los gobernadores, pero también en demérito del país y de la institución presidencial.

Es claro que la embestida contra los gobiernos estatales no solo es una expresión del centralismo, también fue un recurso electoral para minar a los opositores al partido gobernante. En 2010 “alguien” filtró conversaciones telefónicas de cuatro gobernadores del PRI que, según la opinión de los enterados, solo el aparato de inteligencia oficial pudo realizar. Tres perdieron la elección y uno quedó en una situación muy comprometida. Bajo el liderazgo del entonces secretario de Hacienda, se emprendió una campaña mediática de desprestigio contra el dirigente del PRI por adeudos que comprometían a la misma dependencia federal, pero quedó en los ciudadanos la imagen negativa no solo del ex gobernador señalado, sino de todos los gobernadores del PRI. Sin duda, un uso faccioso del poder nacional.

El jueves pasado, en Monterrey, Peña Nieto no solo tuvo el comedimiento en el trato, sino una actitud explícita de respeto y de reconocimiento al gobernador Rodrigo Medina. Incluso, en uno de los temas más delicados, que es el de la seguridad, el Presidente señaló que lo que está haciendo el gobernador es digno de reproducirse en otras partes del país. El saldo de la gira es una población optimista, orgullosa de lo que se ha hecho y con autoridades locales fortalecidas para enfrentar los retos difíciles que la realidad impone. Así, se genera la imagen de que el Presidente y el gobernador, gobierno federal y los gobiernos estatales y municipales actuarán de manera coordinada para trabajar mejor.

Lo mismo aconteció en el inicio de labores del Gobierno del Distrito Federal. El representante del Presidente, Miguel Ángel Osorio Chong, secretario de Gobernación, tuvo la sensibilidad de expresar en el mejor momento que el presidente Peña Nieto apoyaría al gobierno de la ciudad y que aprobaría las designaciones de los responsables de seguridad pública y procuración de justicia. Queda claro que no solo son las formas, también la convicción de que gobernar implica sumar voluntades y coordinar esfuerzos.

El Presidente debe asumirse como lo que es. Su responsabilidad lo lleva a mantener una relación de respeto a todos, incluso a quienes disienten o critican. No es cuestión de discurso ni de declaraciones, es un actuar que se convalida con lo que se hace día a día y determinaciones que deben ser operadas y materializadas por el equipo de trabajo. El regreso de la política no solo es de formas, también debe venir acompañada de acciones y, desde luego, de resultados.

Hay hechos claros que indican que el país está transitando hacia la reconciliación. Enhorabuena. Es un proceso que atañe no solo a los partidos o a los políticos, sino al conjunto de la sociedad. Estimo que el reencuentro no solo es la construcción de un propósito común en el México diverso y plural que constituimos, también tiene que ver con recuperar lo mejor que siempre hemos tenido. Hay problemas serios, pero el país tiene mucho de positivo. Hay corrupción grave, pero también hay un sentimiento de que existen hombres y mujeres probos y honestos dentro del gobierno. Hay delincuencia, pero son más, muchos más, quienes están del otro lado. Hay un pasado reciente con páginas sombrías, pero son muchas más las que nos llevan a la esperanza y a la convicción de grandeza. Hoy la política da espacio a pensar que México puede ser mucho mejor. Todo inicia con un nuevo estilo de gobernar.

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