¿De qué estamos hechos?

A más de un año y medio de no regresar nuestros hermanos migrantes que desaparecieron cuando viajaban con el sueño de trabajar en el vecino país del norte, las autoridades estatales y federales continúan trabajando en coordinación a fin de encontrar alguna pista, una señal de vida o por lo menos buscando que alguno de los cuerpos que se han encontrado lamentablemente, en las distintas fosas de San Fernando Tamaulipas, coincidan con la información genética (ADN) de los familiares de estos migrantes procedentes de nuestro querido Noreste.

El desempeño del Gobierno del Estado de Guanajuato no está en duda, a través de la Secretaría de Desarrollo Social, la Procuraduría de Justicia del Estado y la Comisión Estatal de Derechos Humanos, no han dejado de acompañar a los familiares de nuestros hermanos desaparecidos, sin embargo, más allá de la labor que emprenden las autoridades, se encuentra el estado emocional de los hijos que esperan ansiosos volver a ver a su padre, los padres de familia que añoran abrazar a su hijo, esa esposa que quedó con la responsabilidad de su hogar y que ruega a Dios encontrarse con su pareja, los amigos, hermanos, tíos, en fin cuánta gente que se encuentra en el entorno de esta desgracia esta desecha y con la esperanza muriendo día a día.

En mi opinión más que el apoyo gubernamental debería estar el de la sociedad entera, busquemos como apoyar a aquellos que viven con el alma destrozada, se acerca la navidad y seria buen comienzo para todos, intentar unirnos a ellos en estos tiempos de fe y de esperanza.

Nuestro país cada vez está más lastimado y como lo he escrito,  con menos valores, este es un buen pretexto para demostrar de qué estamos hechos quienes vivimos en esta región y aprovechar al máximo a los nuestros ya que como dice esa poesía conocida, “En vida hermano en vida”.

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