Asertividad

“En la vida te tratan tal y como tú enseñas a la gente a tratarte.”

Wayne W. Dyer

Un factor determinante para lograr lo que queremos, y que nos permitirá ser todo lo que está en nuestras manos (conste que no dije hacer, sino ser), son el tipo de relaciones con los demás. Hay personas que viven quejándose de los otros como si fueran un obstáculo para su felicidad, o que consideran a los demás sólo un instrumento para conseguir sus propios intereses. Normalmente ambas maneras opuestas de concebir a los demás y su relación con ellos, genera y permite los problemas. En la vida no somos objetos de otros, pero los demás tampoco lo son. Es muy importante aprender a vivir como sujetos de nuestra historia en relación con otros sujetos de la propia historia. Juntos tejemos la historia común. Esto es ser asertivos.

Para definirlo de manera sencilla, la persona asertiva es aquella que, no sólo comprende sino que actúa en consecuencia, sabiendo que sus deseos y necesidades son tan importantes como las de los demás. No más, no menos. Hace aproximadamente 2000 años un hombre que vivió en Galilea muy conocido y querido en la historia de la humanidad, lo expresaba con la frase: “Ama a tu prójimo (próximo) como a ti mismo”. Es importante señalar que no dijo, ama a tu prójimo más que a ti mismo, pero tampoco menos. Tampoco invitó a la sumisión. Recordemos su actitud cuando veía una injusticia. Es ahí donde radica la verdadera esencia de la justicia y de la paz. Por ejemplo, en nuestros días en que tanto la justicia como la paz pareciera que la traemos pérdidas en el contexto nacional, podemos poner nuestro granito de arena ayudando con nuestra asertividad cotidiana. Con seguridad esto ayudará a reconstruir un tejido social más justo y en paz.

Para entenderlo de manera más precisa. La asertividad es un punto de equilibrio dinámico e inteligente entre dos puntos extremos: la agresividad y la sumisión. Supongo que no tengo que explicar que la agresividad o la sumisión se disfrazan de justicia o de asertividad con mucha frecuencia, pero a la larga es posible distinguir la diferencia. Por ejemplo, la esposa que acepta agresiones de su marido, y lo hace bajo la idea de que eso es su “granito de arena” para mantener el matrimonio, creyendo que eso es amor, prudencia en incluso una actitud “cristiana”, no está sino solapando una actitud no asertiva, ni de ella, ni de su esposo. No importa los motivos o las justificaciones, si permitimos que los demás abusen de nosotros (o de otros), estamos siendo sumisos (o cómplices). De la misma manera el agresivo, encuentra razones que justifican para sí mismo su comportamiento.

Aprender a ser asertivos, atinados, justos en todas las relaciones, seguramente nos abrirá muchas puertas, pues permiten relaciones duraderas y sanas, y con otros (no a costa de otros) podemos lograr más de lo que solos haríamos.

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