Pablo César Carrillo | Reporte de Inteligencia | Secretarios, llegó la hora de inventarse

Miguel Márquez ya está entendiendo como funciona el juguetito del poder.

Éctor Jaime Ramírez Barba, por su parte, opera todavía como secretario de Salud.

Javier Usabiaga aún anda allá por Celaya.

Y el secretario de Gobierno, Antonio Salvador García ya terminó de leer el instructivo.

Eso es lo que decimos de los nuevos funcionarios de Guanajuato en los cafés y pasillos.

La realidad es que no tenemos información para evaluarlos con justicia. Y entonces emitimos juicios sobre ellos en función de lo que vemos, basados prácticamente en sus apariciones públicas.

El secretario de Turismo, Fernando Olivera tiene un saco grande por llenar. El de finanzas, Juan Ignacio Martín le hará más caso a Medina que a Márquez.

El secretario de Salud, Francisco Ignacio Ortiz, anda perdido. El de Educación, Eusebio Vega, no sabe por dónde empezar.

El secretario de Seguridad, Álvar Cabeza de Vaca, ya traía los hilos. El procurador, Carlos Zamarripa, anda en lo suyo. El del Instituto Cultural, Juan Alcocer, anda con la cola entre las patas por las críticas de los intelectuales.

La secretaria de la Transparencia, María Isabel Tinoco, sufrirá con las auditorías. El de Obra Pública, Arturo Durán, arrancó con el pie izquierdo por su declaración de la corrupción. Y el de Desarrollo Económico, Héctor López, anda como pez en el agua.

Cada secretario trae su jugada.

Unos se echaron un clavado en las oficinas para poner todo en orden, mientras que otros prefirieron trabajar hacia fuera para posicionarse en la opinión pública.

En realidad no tenemos información para saber si arrancaron bien o arrancaron mal. Sólo nos dejamos llevar por lo que sale en los periódicos y en los noticieros de radio y televisión. Y entonces cada secretario es lo que leemos y escuchamos. Y unos resultan incompetentes o capaces, lentos o rápidos, eficaces o ineficaces, expertos o novatos, buenos o malos, inteligentes o no inteligentes.

Ellos tienen la última palabra. Señores secretarios, llegó la hora de inventarse.

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