La otra cara de la libertad

Ariel Rodríguez

“La libertad está en ser dueños de la propia vida.”

Platón

Todos deseamos ser libres y tener la capacidad de construir lo que soñamos, más aún, merecemos que esto sea posible. La libertad es intrínseca al ser humano. Tú y yo somos libres. Todos lo somos, incluso quienes no lo saben.

Sin embargo, más importante que sabernos libres, es saber cómo ejercer nuestra libertad para que sea eficaz, de lo contrario nuestros deseos se convierten en frustraciones y tarde o temprano, los tropiezos afectan nuestra autoestima. Terminamos por convencernos que no somos capaces de lograr tal o cual cosa, o peor aún, que “no somos buenos” para muchas cosas. Llegada a ese punto, nuestra libertad comienza a empequeñecerse, pues ya no intentamos incluso lo que tal vez sí merecemos y podemos. Nuestra autoestima lastimada se convierte en un “autoboicot” a nuestra libertad y lamentablemente esto es más frecuente de lo que pensamos. 

Por ello es indispensable saber que la libertad tiene un precio, o para ser más precisos, que la libertad tiene una condición para que “la magia” comience a ocurrir en nuestras vidas, para que la realidad responda a lo que deseamos y construimos. Digamos que la libertad es una moneda con dos caras, como cualquier moneda, claro. Una es la libertad en sí misma, la otra, la responsabilidad.

Con frecuencia responsabilidad es asociada con hacer lo que otro manda -por ejemplo mamá, el sacerdote o el jefe-, también se entiende como sacrificio o como una mala acción. Responsabilidad no es ninguna de estas ideas. Es simplemente, comprender las consecuencias de los propios actos. Es saber cuál es mi participación para lograr cualquier resultado, deseado o no. La responsabilidad es neutra. No pesa ni es mala. Es decir, ante cualquier fracaso tengo que saber cuál fue mi participación -o mi no participación- para no haber obtenido el resultado deseado, y viceversa. Es decir, es muy importante saber que hice bien -u omití hacer- para lograr lo que sí esperaba que ocurriera. Soy, por ejemplo, responsable de mi impuntualidad pero también de los títulos académicos que hoy tengo.

Cuando logres tener consciencia de tu responsabilidad en tus fracasos y logros, obtendrás en el mismo acto, libertad para ser lo que desees, incluso algo distinto a lo que hasta ese momento eres.

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