Inteligencia 2.0

Ariel Rodríguez

“El corazón tiene razones que la razón ignora.”

Blaise Pascal

Una característica del ser humano es la conciencia. Esto es mucho más que la capacidad de pensar o de tener conocimientos. A la mayoría de nosotros, cuando fuimos niños, probablemente nos convencieron que la conciencia era una suerte de juez interno que nos permitiría distinguir entre el bien y el mal. El problema es que en la práctica, la mayoría de las decisiones en la vida no consisten en distinguir entre el bien y el mal, sino entre dos bienes, muchas veces sutiles y complejos; o entre dos males. Es entonces cuando ese juez moralista se vuelve un poco torpe para ayudar a las decisiones reales. Esta idea de conciencia estuvo bien para crecer, tal vez fue pedagógica, pero limitada.

La conciencia es algo más trascendente que solamente recordar las reglas éticas de las generaciones anteriores. Ser consciente es un acto psíquico por el que un sujeto se percibe a sí mismo en el mundo. Es comprender el aquí y el ahora de mi situación y el contexto en el que soy. Poder prever las consecuencias constructivas y destructivas de mis actos y los elementos alrededor de esa decisión.

El diccionario de la Real Academia Española dice que la conciencia es la “propiedad del espíritu humano de reconocerse en sus atributos esenciales y en todas las modificaciones que en sí mismo experimenta.” No es sólo la capacidad de reflexionar sobre las cosas, sino de hacerlo con una mirada trascendente, constructiva. La conciencia no sólo es una cualidad humana, que pareciera que no todos quieren ejercer, por cierto, lo más importante de la conciencia es que nos hace sujetos. Dueños de nuestra historia, y por momentos de la historia con todos.

Ser consciente es estar despierto ante la vida, incluidas las emociones que implican mis actos. Ser consciente es saber lo que soy, lo que puedo verdaderamente (sin minimizarme ni engrandecerme), comprender la circunstancia en la que existo y sus posibilidades. Soy consciente, por eso puedo determinar con exactitud los pasos que doy para transformar la realidad que está en mis manos. Aquella que el universo me encomendó. Me permite pintar el lienzo de la historia en la que transito, desde la más cercana hasta la más trascendente y social. Ser consciente y saberlo es estar despierto en la vida, con el poder de ser sujeto actuante. Eso es existir.

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