Gobernadores: la balcanización de la política exterior

La transición y la alternancia política en México trajeron consigo una nueva libertad para los gobernadores de los estados, antes víctimas del verticalismo presidencialista. Sin embargo, el desconocido margen de maniobra que tienen ahora los mandatarios estatales no siempre es usado con prudencia y menos con sabiduría, como podemos ver en un reciente ejemplo del novel gobernador de Guanajuato. Una semana después de haber estado en Washington con la secretaria de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, la destacada política demócrata Janet Napolitano, el panista Miguel Márquez, se dejó retratar en gran camaradería con el activista republicano Juan Hernández, quien hizo campaña abierta en favor de Mitt Romney, entre la comunidad latina de los Estados Unidos, sobre todo en apariciones en la cadena CNN en Español.

La visita a Napolitano, manejada con gran sigilo, quiso ser utilizada como una estrategia de posicionamiento y de capacidad de gestión del mandatario guanajuatense, incluso planteando la posibilidad de incluir a Guanajuato en la Iniciativa Mérida, para obtener recursos destinados a un programa estatal de seguridad e inteligencia policiaca. Empero, a los pocos días el efecto se diluyó. La ocasión fue la firma del decreto para crear el Instituto Estatal del Migrante, un organismo pensado para interactuar de manera productiva con los guanajuatenses expatriados de manera voluntaria en los Estados Unidos, quienes han llegado a integrar poderosas comunidades en estados como Texas, California, Chicago y las Carolinas. La falta de asesoría diplomática en el entorno del gobernador Miguel Márquez motivó lo que no es sólo una terrible falta de tacto, tras el buen logro que significó el haberse tomado la foto con la poderosa ex gobernadora de Arizona, conocedora como pocas del fenómeno migratorio, sino que además complicó de manera innecesaria el clima de arranque del Instituto Estatal del Migrante. En efecto, los clubes de migrantes mexicanos, y los guanajuatenses no son la excepción, se han inclinado históricamente por el Partido Demócrata. Pero, adicionalmente, en las dos elecciones en las que ha participado Barack Obama, el apoyo latino a su candidatura ha sido aún más notable. La mayor parte de los analistas de la reciente justa electoral coinciden en que allí está una de las claves de la reelección. Muchos de los migrantes guanajuatenses que han mostrado mayor interés y han empujado para la concreción de una instancia como la que Miguel Márquez propuso en su decreto, no vieron con buenos ojos la presencia de Hernández en la firma del mismo. Y no se trató únicamente de las simpatías divergentes en la reciente circunstancia electoral, sino que también recuerdan promesas incumplidas del propio Johnny durante su paso por el gabinete de Vicente Fox como responsable de temas migratorios. Lo más delicado es que de parte del mandatario guanajuatense no parece haber existido ninguna malicia al respecto, sino sólo falta de pericia y nula asesoría, ambas evitables. Algunos de los líderes migrantes que aspiran a integrar el consejo del nuevo instituto temen que la presencia del tejano Hernández pueda redundar en una venta de asesorías al gobierno de Guanajuato, lo que crearía un innecesario foco de tensión, al favorecerse a un activista político con el que no comulgan, no ellos, sino la mayoría de los migrantes guanajuatenses organizados políticamente en los Estados Unidos. No obstante que Miguel Márquez es el primer gobernador migrante de Guanajuato –vivió en California durante su juventud– queda claro que hará falta mucho más que eso para establecer una política productiva y madura con los guanajuatenses del lado de allá, quienes están listos para colaborar, pero no para dejarse manipular.

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