¿Estás despierto?

“La esperanza es el sueño del hombre despierto.”

Aristóteles

 

A lo largo de nuestra existencia hay una infinidad de sucesos que reclaman nuestra participación, aunque sea a través de una decisión, la partícula más pequeña de la acción. Creo que hay muchas personas que se han acostumbrado a que otros tomen las decisiones y los planes de sus vidas. Muchos tal vez no se han dado cuenta de que son sujetos de su historia, los protagonistas de su propia película. Tal vez les resulta más sencillo no tomar decisiones para no sentirse culpables de los fracasos. Sin embargo, esto no es así. Somos responsables de nuestros actos, aunque estos sean una omisión. (Si eres católico, ¿recuerdas el pecado de omisión?)

Pero a veces es más grave, no sólo nos abstraemos de la decisión, sino de la presencia misma de nuestra existencia. Vivimos como sin enterarnos de lo que trasciende a nuestro alrededor. No es sólo que nos dé miedo actuar, sino que incluso no sabemos para qué hacemos lo que hacemos o cuál es el origen de lo que vivimos, y atribuimos a “dios” (con minúsculas a propósito), la vida, los poderosos o a las circunstancias lo que “nos ocurre”. Como si la vida fuera predeterminada o una consecución de casualidades en las que no soy más que un objeto y víctima. Nada más alienante de la dignidad humana.

Existir para el ser humano implica ser sujetos y vivir despiertos. Esto es, enterarnos de lo que experimentamos en cada instante de nuestra existencia, asumir los riesgos y tomar las decisiones que nos permiten co-construir la vida, junto con los otros y las circunstancias que nos rodean. Esto es estar despiertos. Mirar la vida tal cual es, o por lo menos, tal cual se presenta ante nuestros ojos. Más allá de nuestros temores o fantasías. Poder mirar lo que ocurre y mi participación en la historia (empezando por la mía en particular), más allá de los pre-juicios que heredé, ya sean lindos o feos.

Hay fantasías que son agradables, y aún así nos impiden estar despiertos. Otro sueños, catastróficos, fruto de mis fracasos y temores. En ambas circunstancias no podré reaccionar o decidir lo que quiero y merezco, pues un mal o incompleto diagnóstico de la realidad me lleva por obvias razones a malas decisiones, o por lo menos incompletas. Ojalá que hoy estés dispuesto a abrir los ojos del alma y despertar una inteligencia existencial que te regalen el poder de construir tu entorno cercano. Así, juntos haremos sinergia, logrando el México que merecemos.

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