El poder de una decisión

Ariel Rodríguez

“La peor decisión es la indecisión.”

Benjamín Franklin

¿Te gusta tu vida? ¿Te sientes feliz hoy? O ¿por lo menos te sientes en camino de serlo? Si tu respuesta fue no en alguna de las preguntas, tal vez quieras cambiar el rumbo de tu vida, y una de las cosas que puede ayudarte a cambiar es aprender a tomar decisiones. Muchas personas se sienten insatisfechas de su vida, sin saber que tienen en sus manos la posibilidad de cambiar cualquier ámbito que no sea pleno, tomando decisiones.

Lo primero es romper las falsas creencias de que no hay opciones frente a las circunstancias que vivimos. Siempre hay alternativas, y posiblemente más de las que reconocemos. Más bien no somos conscientes de las decisiones que nos tienen ahí. Y esto es válido para cualquier aspecto en mi vida, incluso la muerte o aquello que aparentemente “no está en mis manos”, pues siempre hay decisiones que puedo tomar, un camino alterno, si no para que cambien las cosas, por lo menos para que cambie mi relación con aquello que no me gusta.

Suena simple, y lo es. No digo fácil, sólo simple. ¿Sueno ingenuo? Me explico. Si por ejemplo no disfruto mi trabajo, siempre existe la posibilidad de cambiar de empleo o aprender a disfrutarlo. Más bien el problema es que queremos que “los demás” cambien. No asumimos nuestras decisiones, sino que más bien queremos que los otros asuman y lleven a cabo nuestros deseos, y lo segundo no está en nuestras manos, pero lo primero no sólo es posible sino muy poderoso.

Las decisiones en las que soy más poderoso son aquellas que me implican. Si aprendo a tomar las decisiones que tienen que ver con lo que soy, pienso, creo, siento o hago, iré logrando que las circunstancias se acomoden conforme a lo que yo quiero… o para ser más preciso, de acuerdo a lo que yo decido, y por tanto, construyo.

Alguien puede estar pensando en que puse un ejemplo de algo que en efecto puede cambiarse, como un empleo, pero sería más difícil si se tratara de algo que no está en mis manos resolver, como la muerte de alguien a quien amo, o un suceso del que fui víctima, por ejemplo un robo o una violación. Sin embargo, te digo que aún en esas circunstancias no pierdes libertad, ni capacidad para tomar decisiones, pues si bien es cierto que no está en nuestras manos la vida de una persona o cambiar el pasado, sí está en nuestra voluntad la forma en que asumimos esos acontecimientos. Yo decido si sufro o no, y por cuánto tiempo. O para ir más allá en la propia libertad, decido quedarme en el sufrimiento o vivir el duelo sanamente y dar vuelta a la página. ¿Qué decisión tienes que tomar hoy para avanzar a ser quien mereces?

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