Arnoldo Cuéllar | Botepronto | El impuesto a las nóminas y la curva de aprendizaje

Repitiendo un esquema de otros gobiernos panistas, como el de Vicente Fox con el impuesto sobre hospedaje y el de Juan Carlos Romero con la contribución sobre nóminas, Miguel Márquez ha buscado consensar un potencial incremento a este último gravamen, de un cuarto de punto porcentual, con el principal afectado por la medida: el sector empresarial.

Otra vez de manera poco transparente, en una encerrona sin testigos incómodos, el mandatario soltó la idea el pasado miércoles, aprovechando la presentación de un adelanto sobre el programa de seguridad para blindar al estado de las incursiones del crimen organizado.

 En principio podría decirse que se trata de un pésimo cálculo. Si aprovechando la reunión donde se oferta una solución a una demanda sentida de la población y de los propios industriales, como es la seguridad, se adelanta la posibilidad de un incremento de impuestos, parece que se está cambiando lo uno por lo otro.

 La respuesta de los jerarcas privadas no deja lugar a dudas: antes de bajar la propuesta del gobernador a sus agremiados decidieron hacerla pública a través de los medios, iniciando así un debate en base a una filtración, donde el gobierno pierde la oportunidad de exponer sus argumentos y sentar una premisa básica.

 Además, por si algo faltara, se ha propiciado que los diputados del Congreso local, donde el partido del gobernador tiene una posición precaria en términos numéricos y políticos, se enteren de lo que deberán discutir, y que sólo ellos pueden aprobar, a través de la prensa.

 Antes de entrar al fondo de la pertinencia de aumentar el impuesto a las nóminas y de las justificaciones de la medida, que pueden surgir del destino que se le de al fondo recaudado,  debe llamarse la atención sobre la poco efectiva forma de iniciar la presentación de un tema tan relevante.

 Ni duda cabe que la curva de aprendizaje del nuevo gobierno de Guanajuato apenas despunta, mientras en el horizonte se acrecientan los nubarrones.

 Sin embargo, que nadie entre en pánico, la burocracia estatal no ve las cosas así y tan tranquilos están que se tomaron alegremente el feriado de los Difuntos, dejando que una de sus más importantes medidas fiscales en el arranque del sexenio, corriera como bola de nieve en base a versiones de terceros.

 Si es cuestión de estilo, habrá que irse acostumbrando.

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