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Mi derecho a la duda

nueva columna Alfredo García
“…La duda basta para tacharse de agresión. Había que quererles y aceptarles fuera de toda razón. Ellos eran libres y aquello era visible evidentemente: ¿Acaso no destruían lo construido, negaban lo confirmado y apagaban la luz de las estrellas? Libres de morir y de sufrir, libres de contar su desgracia, libres de violar las reglas de la convivencia, libres de asesinar el tiempo y la obra, libres de no hacer obra, libres de no hacer nada, libres de no tener leyes…” Ikram Antaki.

No sé en que momento me embarqué en este tren del optimismo. Pero aquí sigo, como muchos, pensando en que será posible un día el cuento al que le llamamos libertad, igualdad, o democracia. Seguimos como fascinados por los comienzos.  Empezamos, y ese simple hecho nos hace encender por dentro como luces de bengala. Sin embargo, nos conviene empezar cada vez que se vuelva necesario, insistiendo, pero sobre todo acompañando esa insistencia de nuestro derecho a la duda. ¿Por qué los resultados fueron tales en las elecciones pasadas? ¿a dónde nos llevan?  Habrá que dejar los bombos y platillos o en el caso de los otros, habrá que guardar la desilusión en el cajón de los sinremedios. Habrá que pensar objetivamente; con sus beneficios y sus contrarios. Y esta forma lector, la de reconocer, es la forma histórica más realista para la construcción de una ciudadanía más empoderada en la toma de decisiones.

Los resultados colocaron al Partido Acción Nacional en nuestro municipio como el ganador, los puntajes demuestran su avasallante triunfo en las urnas. Demuestran eso, y hasta ahora nada más. 

Las elecciones a lo largo de la república tuvieron como objetivo escoger a presidentes municipales, diputado locales y federales. Para hablar de ello habría que tomar en cuenta si los ciudadanos entendemos dos temas importantes. 1) ¿Cuál es la función de un presidente municipal? y 2) ¿A qué se dedica un legislador?

Para el primer tema me parece sumamente importante traer a cuenta el caso de la capital de nuestro estado. La que fuera candidata por el Partido Acción Nacional, Ruth Lugo, firmó junto con los candidatos del mismo partido a la diputación local y federal, así como con el candidato a la diputación local del Partido Humanista un documento en el que se comprometían a defender la familia tradicional y se posicionaba en contra del aborto[1]. Las críticas no se hicieron esperar por tan controversial tema. Muchos se indignaron por lo sensible que resulta. Sin embargo el tema poco se discutió en una arista que a mi me parece fundamental ¿Cuál es la importancia de conocer la opinión de un candidato a la presidencia municipal sobre los matrimonios homoparentales para hacerse campaña, si su trabajo es fundamentalmente el de la administración los recursos básicos de esta unidad a la que llamamos municipio?  Lamento afirmarlo, pero hay dos opciones, o son presas de  su ignorancia o están jugando con la de los electores; ambas son prácticas tristísimas. Y así le podemos poner varios escenarios al juego, y traspolarlo a  nuestro municipio.

La función del legislador es como sabemos de memoria, la creación de normas. Evidentemente hemos caído en el segundo tema del que hablaba. Con anterioridad a las elecciones se difundía en medios digitales una entrada del portal Un1ón Guanajuato en el que aparecía un ranking dónde se calificaban a los legisladores. Entre los elementos a calificar se encontraban el activismo legislativo, la auditoría y la transparencia. Este fue realizado por tres investigadores de la Universidad de Harvard con el apoyo del Instituto Mexicano para la Competitividad (IMCO)[2]. Los resultados en lo general arrojaban que la lista no tiene (de 500) en los mejores a ningún priísta y sólo a una panista que representan al estado de Guanajuato. Tal situación sólo me empuja a pesar que en Guanajuato sólo entendemos la política a base de la dicotomía: PRI-PAN. ¿Si no han realizado de forma eficiente el trabajo, por  qué volvemos a otórgales la confianza?

En teoría el cuerpo de normas debería estar a cargo de los legisladores. Pero en este país siempre nos andamos oponiendo a cualquier lógica posible. La Suprema Corte de Justicia de la Nación en las últimas semanas a dado cuenta de las múltiples llamadas de atención a los congresos de los estados, como quien dice “Lo legal es lo legal, y ustedes no saben mucho de esto. Las normas son generales e impersonales, no son para regular la moral de los suyos y sus amigos” Si su función es, como hemos dicho, la de crear el andamiaje jurídico ¿Por qué otros tienen que venir a reparar sus deficiencias? …. Y regreso a la sustancia de este texto ¿qué lógica guarda otorgarle la maquila de normas a alguien que no las entiende?

Con estos dos puntos lo dejo lector. Invitándolo a dudar incluso de mis decires, para construir ciudades con mayor sentido de la pluralidad. 

En este proceso en el que algunos partidos políticos levantaron incidencias porque las casillas no abrieron a tiempo. En que se denunció que varios funcionario  abandonaron las casillas en lugares cerrados, habría que detenernos a pensar, y sólo por el derecho a la duda, si estos actos pudieron influir en los resultados. Pero no es el único factor. Muchos utilizaron el voto como una herramienta de castigo. Ese castigo premió a otros. Finalmente habría que señalar un factor de alto impacto ¿qué tanto sabíamos a cerca de la función que desempeñarían las personas a las que les otorgamos nuestro voto?

Las sociedades tenemos los gobiernos que merecemos, pero no siempre los que escogemos; un día espero poder encontrarle lógica legal a semejante absurdo. Sin embargo hay que espantarnos el pesimismo. Debemos  seguir construyendo. Por ahora no me queda más que apostarle a dos herramientas, 1) empoderarnos con el conocimiento de los instrumentos legales, y 2) fomentar el debate crítico, fundado en información que se compruebe y se pueda sostener. Comprendiendo que aunque no somos lo que deseamos por completo, hemos consolidado fuertes batallas ciudadanas, gracias al ejercicio de los que se atrevieron a hacer valer su derecho a la duda.

@ alfredogamt

[1] Véase la nota del portal Zona Franca del día 29 de mayo de 2015. http://zonafranca.mx/firman-candidatos-panistas-carta-compromiso-en-contra-del-aborto-y-matrimonios-homosexuales/

[2] http://www.unionguanajuato.mx/articulo/2015/06/02/politica/los-diputados-con-el-peor-desempeno-legislativo-segun-el-atlas-politico

17 días para elegir

nueva columna Alfredo García

“Los pueblos jóvenes se hacen a mano. Así seguía haciéndose el nuestro, aunque su memoria se empeñara en ser larga. Su pasión por no cambiar, por acumular el pasado sobre los hombros orgullosos de sus hijos, le había dado prestigio de pueblo viejo, capaz de mirar de frente, sin temor, el paso de los siglos…” Héctor Aguilar Camín.

Todos los días hurgo entre mi ánimo para intentar derrotar el pesimismo. En el camino me tropiezo como usted lector con despensas, calentadores solares y cinismo. Luego uno abre estas faramallas que son las redes sociales y termina casi perdiendo la batalla. A los jóvenes nos interesan poco o casi nada los asuntos públicos. Los que parecieran interesados, siguen a los partidos políticos con una religiosidad que espanta. Muchos creen en el poder de “poner en acción” nuestra ciudad o “mover a México” bailando en la calle o pegando calcomanías. No cuestionan, no proponen; parece que no piensan.

Me pregunto si esos que ponen toda su convicción en un candidato al que sólo conocen por el discurso de campaña, han observado que en sus mítines y propagandas, pocos son los que han establecido puntualmente sus propuestas. Defienden las sinrazones de los candidatos y de sus partidos bajo el escudo de que otros también juegan a lo mismo. En una oda al cinismo, pareciera que muchos presumen que no hay razón real para votar por su candidato, pero sí muchas para no hacerlo por las otras opciones. Si me enseñan que mi candidato es malo, respondemos con noticias que demuestran que el otro es peor, ¡Qué importa que el mío no tenga remedio!

Con todo ello, estamos a 17 días de decidir quienes serán nuestros diputados federales, diputados locales y presidente municipal. Con todo y que no encontremos razón aparente para votar hay que hacerlo. Hay que salir a las urnas. Es simple, se debe decidir este asunto y alguien debe administrarlo, si no lo hacemos nosotros lo harán los que juegan a repartirse nuestro dinero. Lo harán los que como dijo el periodista Carlos Puig, no saben, y no pueden vivir fuera del presupuesto público. Si no lo hacemos, lo decidirán también las personas que se ven amenazados de perder su trabajo, o por los beneficiados de las dádivas electoreras.

Vuelvo a preocuparme cada vez que recuerdo a la candidata del Partido del Trabajo a la presidencia municipal decir: “La campaña me ha vuelto más humana, más ALTRUISTA”, lo dijo en el debate que organizó el pasado 28 de abril el IEEG, no escuché a nadie indignarse por tal asunto. Me gustaría saber si a estas gentes se les ocurrirá que la administración pública no es cuestión de caridad. La intención no es señalar su participación. Lo traigo a cuenta como para debelar que la mayoría trabaja en este plano, aunque sus discursos se nieguen a afirmarlo.

Me pregunto ¿Cuántos analizaron el “debate”?, es más ¿cuántos lo habrán visto? Aún no logro entender, si los que dirigen entienden para qué sirve un debate… Las visualizaciones en línea de éste, no alcanzan hoy ni siquiera las 200 reproducciones. Si no nos informamos ¿Cómo seremos capaces de emitir una decisión realmente auténtica?

Lamento que el discurso popular esté sustentado en un color, o en un partido. Que nadie se atreva a decir nada, dicen los que cuya única afinidad a un partido es haber nacido en una familia que cree en determinado grupo, porque sus padres y sus abuelos creyeron en lo mismo. Que sigue aceptado las desmesuras del poder por la tradición a la que los más longevos de sus casas decidieron sujetarse.

Aún con todo lo que pasa me da para creer que hay remedio. Lo hago porque me cuesta trabajo creer que los que nos pisan los talones tendrán un San Luis de la Paz menos limpio, menos seguro, menos suyo. Me da por creer, que el desanimo no puede vencer nuestra ciudad. Sólo falta dar un paso más, hace falta trasladar toda la energía que ponemos en ser estudiantes, comerciantes, locatarios o profesores en los asuntos de todos. Hace falta trasladar la fuerza de nuestro ánimo en un proyecto sin colores, para poder exigir de frente y de forma inteligente, apostándole a la única empresa en la que vivimos nosotros y los nuestros, San Luis de la Paz.

Posdata: Si no le alcanzó el tiempo lector, o no supo que existió un debate, lo invito a revisarlo, aquí la liga: https://www.youtube.com/watch?v=StEGutJ1j9Q

@alfredogamt

En la vera del que si no come, no avanza

71ES14C Todos somos paradoja Alfredo García

Tengo una amiga que guarda entre la sencillez que la compone una pasión audaz por la medicina. Se fue para llenar las carencias que veía en San Luis de la Paz. Unos nos vamos con el sueño de que es posible la justicia,  otros con el de proteger el aire del lugar en  que vivimos o con el de despertar conciencias enseñando. La veo de vez en vez y me entusiasma saber que hay  jóvenes ludovicenses que entienden que el juego de irse, sólo puede tener el objetivo de volver para impactar en los desperfectos. Sí hacen falta profesionistas, pero esos no son los que nos urgen; la ausencia es de hombres y mujeres a los que la obviedad los inunde, a grado  tal de asimilar la responsabilidad que la educación conlleva.

Muchos vamos a la Universidad,  la pregunta anda bailando constantemente en mi cabeza: ¿Para qué? Para contestar la pregunta deben tomarse en cuenta varios factores. Sabemos que en parte es una inversión. La preparación en diferentes disciplinas será algún día objeto de estabilidad económica. Sin embargo no puede seguir siendo el único motivo que nos impulse. Si a tal elemento le agregamos la desmedida necesidad de “éxito”, andaremos en la vera del que si no come al otro, no avanza.

Habría que pasar horas para discutir ¿a qué le llamamos éxito? Porque claro, ni la definición del diccionario de María Moliner, ni de ninguno otro, incluye dentro de sí las palabras: autos, viaje, o dinero. Mucho menos se acompañan de frases como “consígalo a costa de todo, o de quien sea” cada quien, al ojo de lo absurdo, le ha dado su interpretación. Y es que muchos quieren ser más ricos, o más grandes o más licenciados que el otro. Pocos quieren ganarse lo que su esfuerzo les dé. Pocos andan caminando seguros con la convicción de que sus carreras le servirán a alguien o resolverán algo y que además les darán por efecto de la pasión que le imprimen para comer, para viajar, y para seguir aprendiendo más.

A todo lo dicho, me parece prudente incluirle otro factor. A finales de marzo vi una entrada en el portal del medio Sin Embargo que decía “El deporte nacional contra lo que muchos suponen no es el futbol, es la envidia. Envidiamos todo, desde el cuerpo de la mujer del vecino hasta las calificaciones de su hijo. Aborrecemos el éxito de los demás, y hacemos un esfuerzo razonable por hacer que no pase desapercibida nuestra opinión.”

Parece que nadie puede hacer, ni dar, ni decir en este país sin que piense que ha dado en demasía.  Sin que ponga a trotar el mentado roedor que habita nuestra inteligencia, para pensar que lo que se da es lo que a cada uno corresponde. Que los esfuerzos que damos y lo que entregamos es para ofrecerle a los que nos pisan los talones un lugar que no  cause dolor de cabeza para vivir.

Sé que a muchos nos inquietan estas ideas, compartirlas es la única manera de inventarnos que no estamos solos… Hay que pensar, y hay que permear la idea entre los que tenemos cerca, que ni el éxito, ni la educación, ni el progreso significan lo que nos quieren hacer creer.

@alfredogamt

Juguetear a la libre expresión

71ES14C Todos somos paradoja Alfredo García

“No somos francos, pero nuestra sinceridad puede llegar a extremos que horrorizan a un europeo… El mexicano excede en el disimulo de sus pasiones y de sí mismo. El mexicano no camina se desliza; no propone, insinúa; no replica, rezonga; no se queja, sonríe…” -El laberinto de la soledad, Octavio Paz.

Hay una cosa que causa más preocupación que los miedos propios, los de otros cuando se utilizan en contra de nosotros; la cobardía, la deslealtad. La honra se construye en años y se desploma —así sin más— con un par de decires. Si bien es importante analizar a los que juegan a la función pública —a veces bien, a veces dudable— es más urgente pensar en los que vienen atrás de ellos. Si los ya viciados no entienden, lo jóvenes no podemos seguir jugando a la política de siempre.

No sé cuál será la situación de nuestros días, si los jóvenes que militan o apoyan a un partido político hoy, juegan una guerra sucia con tal de “posicionarse” o de obtener poder cuando nadie “les ofrece un hueso”. Ponga a jugar usted la imaginación y reflexionemos ¿qué pasará cuándo, por el contrario, sí se los ofrezcan?

Los hechos los hemos visto, a veces entre partidos se juegan chueco y al interior también. Lo más preocupante es que como ciudadanos a veces olvidamos que los que militan o trabajan en esos partidos también son ciudadanos. Lo olvidamos y en el ejercicio de verlos como extraños, nos convertimos en agentes que por no perseguir la función pública nos consideramos ajenos a lo político. Error que nos lleva a pensar que sólo ellos deben preocuparse por no errar.

Cuando los medios de comunicación estaban en manos de sólo algunos, la comunicación se limitaba a emitir, como en el caso de la televisión. Sí, hay un receptor, pero es pasivo. Si no se está de acuerdo con la información, el televidente no puede disentir la propuesta. Internet es una herramienta de gran valía. Aquí uno puede decir lo que quiera y bajo la forma que prevenga pertinente. Es ahí donde entra el beneficio y el perjuicio. En una red en donde todos podemos decir, ¿cuál es el límite?

Este medio indiscutiblemente empodera al ciudadano que poco tiene que ver con los medios y con la función pública. Aquí podemos encontrar información sin filtro. Podemos construir la noticia y opinar. Digamos pues que con ella, se dan los principios de la tan pregonada libertad de expresión. Porque el ciudadano tiene el derecho de conocer a los funcionarios públicos; tiene el derecho de exigir el cumplimiento de sus funciones; debe conocer cómo trabajan y que se haga el reconocimiento público de las malas prácticas gubernamentales.

Lo merecemos, pues debemos estar seguros de que son aptos para representarnos. Si el político roba que se informe, si discrimina que se sepa. Pero cuando los hechos no tienen fundamento en el quehacer gubernamental y no buscan más que la ofensa personal, el derecho a la libre expresión, me parece más bien un “derecho al desahogo”. No sé en que etapa de la posmodernidad nos tengamos que encontrar lector, para que estemos pensando en legislar tal cosa, cuando tenemos más problemas con otras que de verdad son fundamentales.

Fomentar la discusión de ideas de forma respetuosa e informada es fundamental. Pero apelar al uso de la libertad de expresión sólo por desprenderse de los rencores o porque “el político tiene la culpa de todo lo que nos pasa”, no construye. Por los derechos se ha luchado a lo largo de la historia. En lo general se han perseguido para conseguir sociedades más respetuosas y equitativas. Si el derecho lo utilizamos como mecanismo para fomentar el rencor y el divisionismo distamos mucho de su origen.

No basta con decir que poseemos derechos, hay que conocer a fondo todo lo que conllevan. Expresarse libremente, como cualquier otro derecho conlleva una obligación. Hace falta un compromiso, uno, que integre a los ludovicenses —en especial jóvenes— más informados. Pienso que se puede decir y se debe mostrar la información que desenmascare muchas de las farsas políticas, que pueden mostrarse las evidencias de quienes dejan ver otra cara para obtener poder o algún lucro.

Comentar y difundir en las redes sociales las opiniones es fundamental, pero si las opiniones no son veraces, o son burdas descalificaciones y comparaciones que nada abonan a mejorar el entorno político o social, la libertad de expresión podrá ser muy libertad, pero no sirve de nada.

@alfredogamt

Sin conocer no hay libertad

71ES14C Todos somos paradoja Alfredo García

“Algunos ciudadanos pueden presentar reacciones diversas frente a la democracia: dolor de cabeza intenso frente al pluralismo, náusea ante el déficit de representatividad, taquicardia ante los partidos. Si los malestares persisten, convoque a una consulta popular, un referéndum o espere a las siguientes elecciones…” -Fragmento de la portada de la edición de diciembre de 2014 de la Revista Letras Libres.

Somos testigos del final del primer mes del año, como no del final de las obras para la remodelación de la calle de mina que sigue en desastre. De un año que comienza con pocos proyectos ciudadanos –en verdad independientes-. Es la época en que algunos ciudadanos se suman a regalar despensas y pelotas con fines electorales pero no parecen interesados en fomentar mejores prácticas democráticas. En que nuestros días se vuelven el comienzo de una guerra del desprestigio. Una en la que con más fuerza los acostumbrados al peculado, buscan la forma de bien aprovechar los recurso gubernamentales, antes de que se les acaba su manantial de la estabilidad. En esta época muchos ciudadanos siguen sin entender que el funcionario público no es ningún redentor por gestionar la reparación o construcción de calles y viviendas.

Es un hecho, la cosa pública se debe administrar. Alguien debe hacerlo, y aunque a menudo hay más cantidad que calidad,habrá que decidir. En las próximas elecciones 2015 estarán por decidirse puestos para diputados y presidentes municipales, entre ellos los de San Luis de la Paz. Hay que recordar que las decisiones bien o mal tomadas no dependen sólo de un presidente municipal. Hay un equipo tras de ellos por el que también, de forma indirecta votamos.

Entre la verborrea pública se asoman algunos de los candidatos que aún no son oficiales. Que los partidos, en el ejercicio de sus funciones, no han dado respuesta es un hecho, y ello hace aún más complicada la elección. Porque como bien dijo DeniseDresser en una conferencia a principios de octubre del año pasado en la Ciudad de México “Del PRI mejor ni hablamos, el PAN está completamente dividido y hay poco que decir de una izquierda, que se suicida a sí misma…”

Estamos a la espera de que los partidos políticos que recién surgen no quieran jugar al circo de los de siempre. Muchos consideran que la creación de nuevos partidos reforzará el pluralismo y así representará a otros sectores. Lo único que puedo asegurarle lector, es que si la intención de los ciudadanos que participen en los procesos de esos partidos son lo que salieron huyendo o los huyeron porque algo no estaban haciendo bien, la representación es uno y el mismo juego.

En la antigua Atenas los considerados ciudadanos eran apenas una quinta parte, el resto eran mujeres y esclavos. Los que decidían se reunían en audiencias públicas y de forma directa opinaban sobre cuestiones de justicia y guerra. Ese es el modelo del que tomamos la idea de democracia, “el gobierno del pueblo”. Hoy parece completamente imposible hacer lo mismo, porque dígame usted si es que cabríamos en el Auditorio Municipal de nuestra ciudad todos, para opinar sobre la cosa pública. Este asunto ha sido estudiado y criticado por muchos expertos, pero la mayoría coinciden en que es el menor de los males.

Pero la idea hoy no es tan simple, ya que incluye otras aristas que no se pueden perder de vista. Así que lector la próxima vez que alguien quiera venderle el discurso de la democracia, como el remedio para todos sus males, debería pensarlo dos veces. Esta idea, de manera muy general incluye también temas como la participación ciudadana, y los medios de comunicación libres. Para hablar de ello se han impreso cientos de tomos y se han propuesto muchas teorías. La idea de traer a colación el tema de forma generalísima, sólo tiene la idea de poner algo claro, este sistema –que no funciona como idealmente debería- no se trata únicamente de que el “gobierno obedezca por que uno paga sus impuestos”. El ideal incluye –de forma general, insisto- una ciudadanía más informada y más preocupada por los asuntos públicos.

Si en las sobremesas de las familias ocupa más tiempo la proposición de teorías para saber quien era el hombre al que balearon en la calle Morelos la semana pasada, que proponer organizarse entre los vecinos para vigilar de forma más constante la casa del otro, o solicitar mayor vigilancia a las autoridades, algo no estamos haciendo bien.

La paradoja de exigir sin informarse apelando al uso de la libertad de expresión, hoy entorpece. Criticar sin informarse sólo es parte de una nube de humo que si bien entorpece las estrategias de los rivales favoreciendo la grilla municipal, no impacta en cambios contundentes.

Conocer a quienes nos pretenden gobernar es importantísimo. Hay un sin fin de tareas por trabajar. Para pedir mejores gobiernos, debemos esforzarnos por ser mejores ciudadanos. Si los funcionarios públicos no trabajan en lo propio, los ciudadanos no podemos bajar la guardia. Informarnos sobre los asuntos públicos y popularizar la preocupación por los temas en las familias es fundamental.

Conocer las trayectorias de los actores políticos, cómo trabajan y han trabajado fuera y dentro del ejercicio de gobernar, le da fuerza al ciudadano. Porque ¡Claro! en campaña podrán prometer que nos volveremos como dice Ibargüengoitia “la Atenas de por aquí” pero conocerlos nos empodera, y a ellos los desarma. Sólo de esta forma podemos tener ciudadanos con decisiones más auténticas, capaces de exigir. Porque la “libertad” de votar, como cualquier otra libertad sin conocimiento no es tal.

@alfredogamt

Todos somos paradoja | Por Alfredo García

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Emigrar la mentalidad

De los que emigran muchos se vuelven héroes. Esos que regresan de nuevo al suelo en que han morado los suyos siempre, con la convicción de que en México se puede hacer todo tan bien como en cualquier otro lugar. Yo tengo a mi par; el que me educó. Me enorgullecen.

Se van en busca de una fortuna invaluable.  La que le proporcione mejores condiciones de salud y educación a sus familias. La que de golpe les asegure la posibilidad de que sus hijos accedan a lo que ni ellos ni sus padres pudieron. Hay otros que en el ejercicio de decidir no vuelven, para comenzar de nuevo, con la ilusión del que libre escoge su destino.

Según datos oficiales del INEGI, hasta enero de 2011 había un aproximado de 11.5 millones de inmigrantes no autorizados en Estados Unidos; de estos, 59% (6.8 millones) nacieron en México. De entre todos, el estado de Guanajuato en 2010 encabezó  la lista de entidades federativas con más inmigrantes viviendo en nuestro vecino del norte.  Este mes en el que se acaba el año y los inicios del mes con que arrancamos uno nuevo, familias enteras llegan a nuestra ciudad para sentirse completas, al lados de los suyos. San Luis de la Paz se vuelve como muchos otros lugares el punto de reunión de tantos que aquí nacieron y que por necesidad, elección o destino no viven aquí. 

La situación de la región noreste, ha sido por muchos años la propicia para obligar a que los hombres jóvenes de entre los 18 y los 30 años sean de forma más asidua quienes salgan del país en busca de oportunidades de trabajo. Que las mujeres ocupen posiciones de mera administradora en el hogar con las divisas que envían sus maridos, se vuelve cotidiano si ello es suficiente para la manutención de la familia. De no ser así las mismas se ven obligadas a dedicar horas extras al trabajo. La situación es una historia incansable, contada de varias formas, no sé ya de cuantas.

La realidad es que hay muchas realidades. No busco, de ninguna forma juzgar la de nadie. Me interesa poner sobre la mesa de análisis una que nos compete a todos; la del ciudadano. Ya que claro, respetar las calles y la circulación vehicular debería ser un asunto evidente. Sigue sin parecerme coherente la idea de que aquellos que se van a otro país, no pueden vivir con el arrojo de beber en la vía publica o tirar basura porque allá, sí serán arrestados u obligados a horas de trabajo comunitario. Mismos que como “aquí no pasa nada” actúan de forma imperdonable.

No importa cuántos agentes de tránsito se desplieguen por la ciudad. Cuando la urgencia les viene a muchos, estacionar sus automóviles en lugares prohibidos o dobles filas, se vuelve común. Falta con que no se les atienda con rapidez y antes que a los otros en los comercios para que con presencia altiva se trate mal al que atiende. Sin intención de generalizar, se puede observar en muchos una conciencia egoísta; se cree que por pagar con divisa extrajera, antes que el mundo se encuentran ellos. Ikram Antaki lo dice como una lanza que hiere, pero creo yo, consiente “En México el interés privado se impone radicalmente a la construcción colectiva; así como el sentido de la dignidad propia se opone a la dignidad del conjunto…”

Puesto en una perspectiva que a todos nos afecta; nada tiene que ver las ganas de movilidad social –a la que todos tenemos derecho- con olvidarse de que las calles no son de uno, sino de todos.

Si por alguna extraña razón yo elevara la velocidad de mi automóvil más allá de lo permitido para demostrarle a otro quien es “más hombre” en cualquiera de las entidades del país vecino del norte, no habría posibilidad de pagarle una mordida al oficial de tránsito para dejarme libre. Pasa que para muchos se vuelve una forma de demostrar una libertad que no tienen allá por ser indocumentados. Muchos se van en busca del progreso y regresan para demostrar lo que “aquí no se puede”. Lamentablemente hablamos del progreso sin saber que tenemos la semilla del mismo dentro de nosotros; se llama voluntad.

No busco lector hacer ningún juicio moral sobre el partir y regresar, o no hacerlo. Escribo esto con el afán de hacer consciencia, porque me interesa la idea de que quienes no están sepan cuánto los extrañamos y cuánta falta nos hacen. No todos pueden venir a cambiar la realidad de nuestro San Luis, pero basta con que la impacten con su respeto, con su tolerancia. Muchos de los que salen de la ciudad, o del estado o del país por un tiempo corto o largo, son la fuerza más importante que podríamos tener. Ven otras realidades, aprenden a valorar la que tenían. Aprenden a ver posibilidad donde anteriormente no. Si logramos que quienes se vayan regresen con lo bueno que de otros lares ven, mañana seremos lo que hoy tanto anhelamos.

Posdata: A propósito de migrar, si queremos hacerlo de mentalidad, hay que comenzar por aceptar la que tenemos. Hay un texto imperdible para este ejercicio, se lo recomiendo. Con un título que incomoda al leerlo, lo dejo a criterio suyo: El País que no quería crecer, de Ikram Antaki.

 

@alfredogamt

 

Todos somos paradoja | Por: Alfredo García

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Condenados a la libertad, comprometidos a actuar

“Un hombre no es otra cosa que lo que hace de sí mismo.” Sartre

La idea sigue inquietando la paz de quienes aquí habitamos. La esfera de nuestra seguridad está siendo sacudida. Hace unos días un joven fue gravemente herido, éste corrió con una suerte que no le perteneció a otro que por infortunio sí pereció. Hay cosas para las que no estamos y que nos pasan. Hay causas para las que no somos los más preparados, y sin embargo nos necesitan.

San Luis de la Paz pide antes de que sea tarde, más compromiso de los ciudadanos. Algo estamos haciendo mal como para que con tanta simpleza los jóvenes estemos perdiendo la vida, siendo asaltados o amedrentados, cargando a cuestas el miedo de la violencia que nos alcanza.

La inseguridad rompe la posibilidad de proponer mejoras para nuestra ciudad. No podemos crearlas, ni emprenderlas si antes debemos preocuparnos por defendernos de nuestro propio entorno. El discurso de la falta responsabilidad de las autoridades de nuestro municipio y el abuso de las fuerzas policiacas lo comparto; es imperdonable. Pero más allá de esto, el asunto debe urgirnos a todos. El ejercicio de pasear la pelotita debe parar.

Los hechos que ocurren son lamentables, nada los justifica. Sin embargo, en el ejercicio de siempre que me obliga a buscarle remedio a los desastres, lo invito lector, a que nos detengamos a pensar ¿qué podemos aportar para construir la paz que tanto nos hace falta?

Me parece imposible la idea de  una ciudad más segura, cuyas calles son “armonizadas” a diario por la música de jóvenes que admiran letras que festejan al narcotráfico. Con una juventud que confunde el respeto con el miedo. Con una que no alcanza a dimensionar como es que estamos lesionando nuestro futuro. Una cuya mayor comedia es la desgracia de los demás. No digo –aclaro y deslindo- que los imperdonables hechos que han sucedido algo tengan que ver directamente con ello. Sin embargo, es evidente que otros actos de violencia registrados en nuestro municipio, todo tienen que ver.

Mi intención no es recurrir al nombre especifico de alguien que fue víctima, escribo porque me inquieta la idea de hacer conciencia sobre la posibilidad de ser yo, o tú, o nuestros más queridos, los que seamos objeto de la ausencia.

Puede ser que justo esté pensando lector, que este asunto no le atañe. Pero omitir esta reflexión y ser un espectador que no propone también nos daña. Hay ocasiones en las que al alcance de nosotros tenemos los medios para aprender, para esparcirnos sanamente. No podemos dejar de lado, que por ejemplo aquí, hay más lugares para la ingesta de alcohol que bibliotecas, pero a veces es culpa de nuestra falta de interés, porque aunque son pocas, no he visto nunca ninguna abarrotada.

Debemos ser registro abierto para conocer nuestros problemas y luego actuar cuando las decisiones estén en nuestras manos, cuando el quehacer de administrar, disidir y proponer sobre la cosa pública nos competa. Debemos hoy, más que nunca, oponernos siendo ejemplos de paz. Sartre no estaba nada perdido, decía que todos estábamos condenados a la libertad, que nacemos libres y que estamos condenados por lo mismo a decidir. Sin embargo, para lo único que no somos libres es para dejar de serlo. Esta libertad pues, nos obliga a que todo lo que le proporcionemos u omitamos al mundo impacta en él y en quienes lo habitan. La única forma de atraer la tranquilidad es siendo fuertes cajas de resonancia con nuestro proceder.

Quiero un San Luis de la Paz en que la armonía la construyamos las autoridades y los ciudadanos. Una en que nos demos cuenta que tenemos el derecho de exigir, pero también la obligación cumplir con nuestra labor de educarnos y educar a los que nos pisan los talones; en el respeto, en la tolerancia y la igualdad.

Un San Luis en el que el funcionario público entienda que su quehacer es el de servir, en el que el ciudadano se preocupe por serlo y que entienda que somos siempre correlación; que la función pública existe en la medida en que haya que organizar los asuntos de todos los ciudadanos. En síntesis pues, que para que todo funcione, ambas partes deben hacer lo que les compete.

Debemos entender que “el gobierno” no es un ente aislado creado por sujetos que vienen de otras galaxias. Que está compuesto por quienes aquí moramos. Que lo que tanto nos duele sale de la cloaca de las deficiencias de lo que no estamos haciendo bien.

@alfredogamt