Category: Alfredo García

Las mil dudas sobre mi lugar en el ágora

nueva columna Alfredo García

“De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso, está plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella, ni le sacan ningún provecho…  Resulta fácil ver las cosas desde aquí, meramente traídas por el recuerdo, donde no tienen parecido ninguno, pero a mi no me cuesta ningún trabajo seguir hablándole de lo que sé, tratándose de Luvina. Allá viví. Allá dejé la vida… Fui a ese lugar con mis ilusiones cabales y volví viejo y acabado…”  Juan Rulfo.

Todos cabemos o al menos deberíamos caber en el ágora, pero sobre el atril no cabe mas que uno, el que gerencia, o el que a nombre de un grupo debería gerenciar. El sábado pasado intentamos entrar a la primera sesión del ayuntamiento, la respuesta fue un aventón de puerta. El oficial pidió una invitación para tal asunto. Entré en confusión: ¿Desde cuando unos están invitados a las audiencias públicas y otros no? ¿Por qué denegar la entrada al espacio público por excelencia?[1] El ambiente era un chiste ejecutivo de muy mal gusto que entre sus mejores versos destacaba al dirigente de la audiencia confundiendo el término de “unanimidad” con “mayoría absoluta”.

Ya en el interior, había un grupo de manifestantes que primero le reclamaron de forma abierta al actual presidente la dirección que les prometió en campaña, a menos de que quisiera que les trajeran a los cinco mil miembros que decía lo respaldaban; es claro que en campaña el trueque fue frontal, que no nos quede duda. Unos minutos después uno de los regidores del grupo contrario a los que quedaron electos por los votos a favor del blanquiazul, irrumpió ofreciendo una cantidad de dinero en balones de fútbol, los manifestantes aplaudieron con un brillo inefable en los ojos, ¡Qué espanto! ¿Quién tendrá más culpa?  Este sábado se tomaron en los municipios del estado de Guanajuato los nuevos ayuntamientos. ¿Y en este cuento, nosotros qué? Parece ser que seguimos siendo la Luvina de Rulfo, El País Que No Quería Crecer de Antaki y un laberinto de muchas soledades. Aquí hay de dos; o nos conformamos o nos confrontamos con lo que somos. De este lado, del ciudadano, no cabe más que apostarle a la pensada.

Nunca había tenido tantas preguntas sobre tal asunto. Desde la teoría el panorama para resolver los asuntos públicos es por demás romántico. Al ojo del Derecho Administrativo los estudiantes aprendemos que la Política es el gobierno decidiendo y que la Administración Pública debería ser éste actuando. Cuando no hay tercera opción ¿entonces que estarán haciendo al menos nuestros ayuntamientos instaurados?

El consenso entre las fracciones políticas es difícil. En los grupos ciudadanos pasa lo mismo, si bien se busca el consenso, éste no tiene que provocar la renuncia de forma radical a nuestras pretensiones. Reclamamos un acuerdo de precampaña y al mismo tiempo aplaudimos víctimas de la coyuntura. Ejercemos nuestro derecho al reclamo y nos desviamos en el camino agradeciendo por los restos que nos ofrecen quienes nada tenían que ver en esta tragicomedia. Nos apresuramos al reclamo, somos presas del arrebato.

Antes de afirmar cualquier impresión sobre mi primera sesión de ayuntamiento ya tengo mil dudas. ¿Cuántos de  los ludovicenses habrán –siquiera– asistido a una sola sesión? El circo es más circo desde el salón de cabildos. Los que se atreven a enfrentar, los que se atreven a levantar la voz son pocos. Con tales inconsistencias ¿para qué?

No entraremos pues a las arenas de nuestros dirigentes. Quiero entrar por las que llenan de peso mis dudas. Los dirigentes en este y cualquier ayuntamiento son hijos de nuestro vecino, hermanos de nuestros parientes, amigos de nuestros amigos. Algunos fueron compañeros nuestros en la primaria. Compartimos las mismas calles y  la misma falta de agua en condiciones potables.

No son ni deberían ser extraños, fueron victimas o victimarios de las coyunturas. Y aclaro que el conflicto, el acuerdo y las coyunturas no son negativas, al contrario. Sin embargo, habría que recordar para qué fue instituido el municipio: para administrar los servicios básicos.

¿Y si un día un grupo de ciudadanos se acercara a la sesión de cabildos a pugnar por la seguridad o por el agua potable? No sé, lo anhelo, y me tropiezo con esta realidad enjuta y grosera que me deja con mil y un dudas sobre si es verdad o no, que hay un espacio para mi en el ágora.

@alfredogamt

[1] Artículo 61. Los ayuntamientos deberán resolver los asuntos de su competencia colegiadamente, y al efecto, celebrarán sesiones ordinarias, extraordinarias y solemnes que serán públicas, con excepción de aquéllas que conforme esta Ley, deberán ser privadas y preferentemente en horario diurno.

Ley Orgánica Municipal para el Estado de Guanajuato.

Artículo 67. Son materia de sesión privada: I. Los asuntos graves que alteren el orden y la tranquilidad pública del Municipio; II. Las comunicaciones que con nota de reservado dirijan al Ayuntamiento, los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial; y III. Los trámites de las solicitudes de licencia y los asuntos de destitución de servidores públicos municipales que hayan sido nombrados por el Ayuntamiento. Los integrantes del Ayuntamiento deberán guardar la reserva correspondiente de los asuntos tratados en las sesiones privadas. (http://sanluisdelapaz.guanajuato.gob.mx/files/transparencia/I/Ley%20Orgánica%20Municipal%20para%20el%20Estado%20de%20Guanajuato.pdf)

La miseria como documento de identidad

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“Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba…” –Eduardo Galeano.

 

Dice Borges entre alguna de las páginas de su Libro de Sueños que el nacionalismo, a veces, resulta ser no más que un acto de fe. Florentino también lo cree. Es un inmigrante beliceño de treinta y tres años que escogió los semáforos del Boulevard Sierra Gorda en San Luis de la Paz como trinchera temporal para buscar el “sueño americano” el fin de semana pasado. Tiene tres hijos. De las rastas le cuelgan tres cuentas de colores que dice significan paz, libertad y justicia. Tiene la piel de un moreno tan intenso como la fuerza que se le escapa por las pupilas. Lleva cinco meses en nuestro país. Caminó durante un mes y medio de Palenque a Veracruz, en Palenque lo asaltaron y le quitaron todo. Se embarcó un día en La Bestia y vio a niños con hambre y a mujeres mientras eran violadas sin que nadie pudiera decir nada. Mexicanos, guatemaltecos y hondureños todos ilegales y cuyo único documento de identidad pareciera ser la miseria.

Hay quien se le aleja con miedo o ve a Florentino con extrañeza, como olvidando que esta ciudad y muchas de las familias que la componen están construidas por adobes de trabajo y voluntad migrante. Él busca trabajo, pero muy poca gente se lo quiere dar, pide monedas que agradece mientras le pintan caras de desagrado.

La violencia desmedida, la pobreza y el hambre hacen a Florentino como a muchos otros salir de sus países en busca de mejores oportunidades. México enfrenta una problemática a la que debe darle salida urgente. Aunque algunos migrantes de países del sur piden asilo legal en México la mayoría cruzan sin él. Según datos de la Comisión Mexicana de Ayuda a los Refugiados (COMAR)[1] 1,164 personas pidieron refugiarse en nuestro país durante el 2013. El año pasado sólo 22% de los solicitantes hondureños y 30% de los solicitantes salvadoreños obtuvieron el estatus de ‘refugiado’. Sin embargo la urgencia de salir de los ambientes de violencia los presiona a dejar sus países. Pero llegar a México es un peligro. Muchos de los indocumentados son absorbidos por grupos delictivos y de narcotraficantes que los obligan a trabajar para ellos. Unos se mueren, otros se quedan a formar parte de las filas de la ‘empresa’ de las drogas y otros pocos que se escapan avanzan rumbo al país vecino del norte con el favor de no sé qué milagro.

Recientemente la plataforma Change.org comenzó a recabar firmas para solicitar a la secretaria de Relaciones Exteriores, Claudia Ruiz Massieu, así como al presidente Peña Nieto, que se dé asilo político a 10 mil sirios por los conflictos que actualmente se enfrentan en ese país. La iniciativa es de un gran valor, sin embargo, habría que hacernos un par de preguntas. ¿No tenemos otras prioridades? ¿No estaremos tildando entre la politiquería y la doble moral si aceptamos a sirios y discriminamos a latinoamericanos?

Con ello no quiero afirmar que migrantes y refugiados tengan un mismo significado, de hecho, están en categorías legales distintas[2]. Mientras el primero generalmente es por un tema económico y el traslado a otro país es voluntario, el segundo no tiene mayor alternativa y sale huyendo porque su seguridad es imposible o poco llevadera en su país de origen. El cuestionamiento que planteo es respecto al trato que deberían recibir todas las personas, porque ambas impactan necesariamente política, económica y socialmente.

El tema con los inmigrantes latinos no es el cierre de las fronteras del sur de forma definitiva, ni voy a inventar yo el cuento –muy al estilo de Donald Trump– que porque son sureños son delincuentes. Lo cierto es que donde hay pobreza hay delincuencia. En México debería atenderse esta problemática con alguna especie de seguimiento, regulando el paso a inmigrantes y reconsiderando el tema de los refugiados políticos de los países del sur si no queremos que las cosas se sigan poniendo imposibles.

Por otro parte, lector, sería importante pensar ¿en qué momento dejaremos de ver a nuestros iguales tan extraños y tan diferentes? La xenofobia es un problema muy grande en México. Nace, claro, de un país acostumbrado a sentirse superior mientras puede. Habrá que pensar desde el lado de la ciudadanía que educar a los que nos pisan los talones en la igualdad, es una inversión imprescindible. Hay que inculcar en los nuevos ciudadanos que la única lucha de nuestros derechos que es auténtica es la que resulta incapaz de negar la de los demás.

 @ alfredogamt

[1] DÍAZ Paola, “Frontera sur: lo que importa es escapar” versión electrónica de la revista Nexos: http://redaccion.nexos.com.mx/?p=6373

[2] Para entender más sobre las diferencias Paola Díaz, Internacionalista y estudiante de la maestría en Periodismo y Asuntos Públicos del CIDE escribe un texto para la versión electrónica de la revista nexos sobre este tema: http://eljuegodelacorte.nexos.com.mx/?p=4923

“Bendecir” el espacio público

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“Ignacio Comonfort, Presidente sustituto de la República Mexicana, a los habitantes de ella, sabed: Que el congreso extraordinario constituyente ha decretado lo que sigue: En el nombre de Dios y con la autoridad del Pueblo Mexicano…” –Fragmento del preámbulo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1857.

Quiero pensar un cuento que no me obedezca, que me sobrepase hasta volverse realidad. Donde esta ciudad no viva como apartada de la realidad pública del país, alimentada por una prensa local sevillista y aplaudidora que nos vende lo que queda de sus acuerdos o de sus miedos. Donde existan ciudadanos incapaces de permitir ver pasar frente a sus ojos esa insoportable[1] mezcla de los asuntos públicos con los religiosos. Como el pasado martes 2 de septiembre con la reinauguración del Centro Asistencial de Desarrollo Infantil (CADI) del DIF en la que hubo una “respectiva” bendición del espacio público. Estos Asuntos que pasan mezclados como una bola desértica, de esas que estamos acostumbrados ver pasar cuando nos atisba el invierno  quienes habitamos esta ciudad de polvaredas e ilusiones.

La practica es común y nada extraña a la mayoría. Como todo vicio, para quienes los practican resulta difícil escapar de él. En la Constitución Política de este país se consagran varios pares de derechos que no están consagrados en nuestros modos de vivir. ¿Cuál será la forma más audaz de positivarlos en nuestra conciencia y en nuestras practicas?

Durante los años que preceden a los nuestros, se libraron grandes batallas por separar a la iglesia del Estado. El intento por extraer la religión de la vida pública[2] dio origen a la construcción de las sociedades modernas. En el camino no podríamos dejar de citar las Leyes de Reforma de mitad del siglo XIX. Dichos acontecimientos ayudaron a vislumbrar la idea de que la vida religiosa debía desarrollarse en una esfera privada. Una de los acontecimientos más recientes en esta batalla fue la reforma de noviembre de 2012 al artículo 40 de nuestra constitución que establece: “ Es la voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos…” dicha reforma reafirma la posición legal de nuestro país frente a este tema.

Podríamos ser más puntuales en otros argumentos legales e históricos, pero basta apuntalar los mencionados para entender que resulta obvio que agregar a un ministro religioso a la mesa del presídium en la apertura, inauguración, remodelación o cualquier otro similar de un espacio público no es precisamente algo que debería ocurrir en este sueño de la “República laica”. A simple vista podría pensarse que la práctica no tiene mucha importancia,  pues parece que a nadie le incomoda, ni a los funcionarios unos educados en temas legales ni a los ciudadanos. Hablar de estos temas es desafiar la costumbre, discutirlo para quienes políticamente buscan legitimarse podría ser desastroso, pero para la construcción  ciudadana es fundamental.

Podríamos pues cuestionarnos ¿Cuál es las finalidad de “bendecir” el espacio público? en su calidad de personas, los funcionarios podrían asistir a ceremonias religiosas e incluso invitar a los ministros de cualquier religión a ser los invitados de honor en una cena en su casa, pero en su calidad de funcionarios públicos ¿por qué podrían hacerlo en un espacio de todos? El tema no se reduce a la colisión entre esferas pública y privada. También podríamos hablar de las confrontación  al interior de la vida privada. Permitir el despliegue de estas acciones podría poner en confrontación a todos aquellos ciudadanos que profesen una religión distinta. ¿O a caso también permitimos a mormones, judíos y testigos de Jehová que acorde a sus creencias sacralicen los lugares públicos?

El tema resulta siempre ser delicado,  sin embargo existen dos ideas que en este tema no deben cambiar, la primera se refiere al respeto de las creencias, incluyéndose a los grupos minoritarios. Y en segundo lugar cada vez que esta u otra esfera de la vida privada se empalme u obstruya el desarrollo de la pública habrá que reorganizarlas, y ponerle límites. Este ejercicio sólo puede desarrollarse de forma eficiente si se hace bajo una lupa crítica. Pongo estas líneas  esperanzado de dejar un día yo y usted lector de inventar cuentos públicos, para empezar a vivirlos.

@alfredogamt

[1] Insoportable es la mezcla, no así el ejercicio de las practicas religiosas. Toda sociedad que se precie de democrática debe establecer barreras para que una ideología  no totalice las diferentes expresiones sociales. En una sociedad plural deben garantizarse lo medios para el ejercicio del culto religioso, pero también debe asegurarse que este no inunde la vida pública.

[2] Sin olvidar que estos intentos han sido revalorizados al grado de entender que también se pueden llevar a la vida pública mientras se regulen. En México se hace a través de la Ley Asociaciones Religiosas y Culto Público.

Un funeral para la cosa pública

 

¿Alguien ha vuelto a preguntar sobre la calidad del agua de la presa Paso de Vaqueros? ¿Alguien sabe qué se resolvió en el Ayuntamiento sobre las recomendaciones de la Comisión de Derechos Humanos, con respecto a sus funcionarios en materia de seguridad que tan famoso volvió a este pueblo por su salvajismo? Parece que en nuestra ciudad podríamos perdonarle todo a nuestros gobernantes, menos que le fallen a su tradición. Parece que en San Luis de la Paz opera una regla absurda común de un país que se agacha ante la confrontación: no hay perdón para un presidente “de pueblo” que no fabrica ferias de ensueño. Aquí seguimos lector, como en la espera de un funeral para la cosa pública. Como entorpecidos por las ideas; por lo que debería ser. En la espera de funcionarios que entiendan que el poder y la obviedad sí se pueden ejercer a un mismo tiempo. Y de ciudadanos que entiendan que los asuntos públicos no se acabaron cuando ganó o perdió su partido, porque la batalla de construir e informarnos, sigue siendo nuestra.

Informarnos y cuestionar nuestros gobiernos es esencial, porque sirve como un mecanismo evaluador del recurso y el funcionamiento público. Hacerlo fortalece la capacidad de exigir de los gobernados y sirve como un sistema de presión para que los funcionarios públicos se dediquen, por principio de legalidad, a desplegar sólo las acciones que el andamiaje jurídico les permite, aunque no resulte éste ser siempre el más eficiente.

La inseguridad es un claro factor por el que las autoridades de nuestro país se han visto tremendamente atisbadas. Resulta que por evidentes razones las autoridades de los municipios en México son quienes más violencia y amenazas sufren. De 1994 a 2004, ocupan el 83.2%, respecto a las de nivel estatal o federal[1]. Es visible que la maquinaria de corruptelas y defensa no es en lo absoluto equiparable. Probablemente más delincuentes quieran dirigir al gobernador de un Estado, pero resulta más sencillo exprimir a un presidente municipal.

La inseguridad que ahora traemos a cuenta, la obtención de un lucro para los tomadores de decisiones o simplemente la ponderación de un tema más popular entre los ludovicenses sobre sus obligaciones legales para legitimarse políticamente, son ideas que vislumbro. Quizás todas son mentira, pero mientras no exista aclaración que dé respuesta de forma veraz a las sinrazones con las que se manejan nuestros gobernantes, lo invito a ejercer ya no su derecho, sino su obligación a la duda.

Se realizan siempre múltiples evaluaciones a los gobiernos cuando terminan sus periodos, pero ello aunque útil, tiene más un fin de registro histórico que funcional. Si no somos nosotros en tiempo real los que nos preguntemos qué están haciendo los funcionarios, dejaremos morir los temas y las ideas, y así también dejaremos morir el presupuesto público en las tierras cada vez más fértiles de los bolsillos de nuestros funcionarios.

Hay que permanecer despiertos ante las decisiones. Hay que cuestionarnos y compartir en la sobremesa las discusiones, porque me parece que no hay trinchera más audaz para la construcción de la cosa pública. Tal vez si enfocáramos nuestra atención hacía fines más primarios como el de hidratarnos o la de vivir seguros nos volvamos esa ciudad que tanto idealizamos.

@ alfredogamt

[1] En 2014 la revista nexos publicó un artículo que analiza temas relacionados con la seguridad en el ejercicio de la función pública, adjunto el enlace: http://www.nexos.com.mx/?p=24024

Ludovicenses porque sí

nueva columna Alfredo García

“…en México no sabemos discutir. Nuestra sociedad evita la confrontación, es el país del eufemismo, somos más correctos que una monja del siglo XIX. Confundimos el choque de ideas con la intención pendenciera. Afilamos navaja pero a la hora de enfrentar posturas damos media vuelta o sacamos el pecho, aplaudimos la diatriba y la descalificación…” –Maruan Soto Antaki[1].

Usar como fundamento más poderoso “la tradición”, es como argumentar con un “porque sí” entre los dientes; y aunque duela, estas frases no sirven para construir. Vivimos como en la faramalla de una monarquía; incluida la necesidad de nuestra respectiva reina de pueblo y con el servilismo que arde vivo entre nuestra gente. No nos prestamos al debate, nos encanta fabricar historias sobre cerros de humo que nosotros mismos nos inventamos. La historia que nos cobija es riquísima e innegable, pero si seguimos creyendo que es lo único que poseemos, los que vivimos hoy no estaremos haciendo historia, al menos no una que valga la pena contar.

El discurso no lo niega, es nuestra carta de presentación ¡Somos la nación Chichimeca! Tenemos la última comunidad Chichimeca Jonaz del país; tenemos todo y no tenemos nada. La tradición crea pertenencia, nos hace sentirnos parte de un lugar, ello nos permite de forma ciertamente primitiva, desarrollar nuestra personalidad. En comunidad adoptamos nuestro sistema de valores. Aprendemos todo cuanto envuelva la tradición de nuestro pueblo, desde cosas productivas hasta los vicios sin los que no podríamos contarla.

Le hago una invitación amable lector, a separarnos de la idea de que vivimos en una tierra que vale la pena sólo porque aquí nacieron los nuestros. Lo invito, no para demeritar el pasado, ni para tratar de borrar la innegable historia. Los aplausos alimentan a los ídolos que son seguidos por las masas, a los grandes canallas que administran el recurso público y en lo general suelen celebrar la pasividad de lo inmutable. Quien se aplaude durante siglos camina sobre un acantilado entre la fanfarronería y el fracaso.

Si hoy pudiera definir a San Luis de la Paz, ¿con qué  palabras lo haría? Las tradiciones nos dan sentido como colectividad, pero hay costumbres y modos que: o ya no sirven o nos lastiman. No haré un listado de innecesarios, al menos los que son para mi. Mi idea es la de invitarlo a pensar qué nos sirve y qué no.

Hay pueblos en nuestro país que hacen hoy en día fiestas en las que sacan a pasear a las vírgenes en carros alegóricos hasta llegar a una parroquia donde se celebra misa, como quien ofrece un producto. Hay otros, como la capital de nuestro estado, de fama ultra conservadora en que el día de “nuestra señora de Guanajuato” algunos hombres salen a la calle vestidos como mujeres, ridiculizando y denigrando la figura femenina. ¡Pero qué paradoja! Pareciera como si ese día el cielo les permitiera despojarse de su heteronormatividad, con licencia para espantarse el pecado.

¿A dónde va la historia de San Luis de la Paz? Tal vez estamos condenados a presumir nuestro paradójico orgullo de nación Chichimeca que se desmorona no como pasado, sino como presente, siendo una de las regiones más peliagudas en el Estado, en temas como la drogadicción y embarazos prematuros. Somos una marca de espectacular, circo de pueblo, llanto que duele.

Pero no todas las tradiciones destruyen o denigran. Los pasados no son en lo absoluto buenos o malos, pero son nuestros, nos pertenecen, hay que utilizarlos en favor nuestro.

Aquí dejo una puerta abierta a la duda, para construir. Hay que utilizar lo que más nos lastima, para maquilar, a futuro, el modelo de tradición que queremos vivir, una que no excluya, una que nos sirva para no vivir a medias.

@alfredogamt

[1] http://cultura.nexos.com.mx/?author_name=maruan-soto-antaki

¡Más cine por favor!

nueva columna Alfredo García

“No importa lo que las personas les digan, las palabras y las ideas, pueden cambiar al mundo…”  Fragmento de la cinta “La Sociedad de los Poetas Muertos” de 1989.

Corría 1998 junto con sus impunidades y sus delirios. Eran los últimos años del “partido oficial” en la presidencia. Vicente Fox gobernaba en Guanajuato. Falleció Frank Sinatra y nada de esto supe, sino hasta hoy. Por esos días no había sobre mis ojos más que el asombro. Estaba sobre una butaca, con los pies colgando al aire soñando que un día tocarían el suelo. Frente a mis ojos de marmota asustada había un monstruo y un huevo enorme a medio despertarse. Era la leyenda japonesa de Godzilla, que me deslumbraba y me hacía vibrar completo como si presenciara yo un milagro. Con mi primera visita al cine, mis papás sin saberlo, estaban incentivando una de las virtudes más indispensables del ser humano, la capacidad de asombro.

Nacemos con una curiosidad entre la conciencia. Es de siempre, los textos más remotos de la humanidad han dado cuenta; hasta Adán quiso probar de la manzana, hasta el Gilgamesh quiso vivir para siempre. Esa curiosidad con la que nacemos debe ser educada. Sin lugar a dudas quiero referirme al significado etimológico de la palabra;  guiar, conducir, o potencializar las habilidades. Y no al que se refiere a depositarnos en las escuelas, para pasar el tiempo como si no fuésemos pensantes.

Ahora que se acerca el Guanajuato International Film Festival, me dio por cuestionarme ¿y para qué tanto nos sirve el cine? Como cualquier otra expresión artística nos conecta con otras realidades y nos hace más tolerantes. El arte, como reflejo de sí, entretiene; sin embargo nace para mucho más que eso. Llegué tarde a darme cuenta de lo importante que puede ser apreciar el cine. Entre sus bondades como la de otras manifestaciones artísticas se encuentra la de sembrar la curiosidad de quienes las vemos. Escudriñar sobre lo que cada cineasta quiso decir es un ejercicio que a la larga resulta beneficioso para nuestras mentes creadoras. Por decirlo breve, desarrolla la creatividad.

Motivar la imaginación con el cine es una herramienta que para chicos y grandes resulta fabulosa. Sin embargo las condiciones económicas a ratos nos alejan de tan prodigioso deleite. Me da por pensar que las situación social y económica es ridícula y ligeramente equiparable al porfiriato. En México el cine –hablemos ahora sólo por poner un ejemplo del comercial– no parece ser para todos. Por poner un ejemplo de este estereotipo elitista, vayamos al ejemplo de 1896, con la primera proyección de cine que fue exclusivamente para el presidente Porfirio y su familia. Pero al cine pueden, y deberían ir todos. La opción es cercana y está próxima. El recurso económico, no es un impedimento pues todos los eventos del GIFF se desarrollarán sin costo.

Hay que ahuyentar la idea de que es un evento elitista. No sé ni un ápice de cine, pero me asombra y me despierta la imaginación. La intención de su denominación en inglés es por la evidente razón de que un festival internacional debe desarrollarse y publicitarse bajo un idioma que hoy es universal. Sin embargo, ello no debe alejar a quienes prefieren del cine en español, pues se proyectaran cintas en nuestro idioma.

Habrá una serie de eventos que no podemos perdernos. Vaya, lleve a los más chicos, posibilítelos. La imaginación es seguramente, la herramienta que más nos empodera. Rompamos las limitantes. La escuela es apenas, el primer paso de todo cuanto representa la educación y el cultivo del ser.

@alfredogamt

La época del Palitroche

nueva columna Alfredo García

“Hay que poner en la literatura escolar una gran dosis de calor humano, de sentimientos intensos que reafirmen la personalidad, que canalicen el espíritu del joven. Esta literatura debe ser viva con un rigor que suene en el diapasón de la conciencia…” Aténogenes Pérez y Soto[1].

Soy de la época del Palitroche en los libros de texto gratuito de la instrucción primaria. Mi abuela no. Los que corrieron con suerte  de su generación aprendieron con unos libros de la editorial Patria, de nombre “Iris, libro de lecturas” entre los que uno se paseaba por Goethe, Rubén Darío y Martín Luis Guzmán[2], era 1934. Lo sé porque rescaté el libro lleno de polvo y con las hojas marchitas de  un bazar. O quizá  no, ahora me da por pensar que el texto fue el que me rescató a mi.

La confesión encerrada en esta columna, es de un lector tardío. A conectar letras para descubrir palabras aprendí como el resto, pero a interpretar llegué tarde. En el transcurso he aprendido dos cosas importantísimas. Lo primero es que la lectura tiene entre sus bondades la de librarnos de muchos prejuicios. Sin embargo, lo segundo es lo que me parece de una importancia capital: lo más relevante de leer no es leer, sino lo que hacemos con lo que leemos. Se trata de proveernos de las herramientas para resolver los absurdos que más le han traído dolor a la humanidad; la desigualdad, la discriminación, el exceso del poder y muchos otros. Sin embargo como todo poder, en manos de un tirano es peligroso.

Cuando el panorama político de este país en 2012 nos presentaba como posibilidad a Andrés Manuel López Obrador como presidente de la República, recuerdo parte del discurso. Decía López Obrador que una de las cosas que lo distinguía de los otros proyectos era su equipo. Entre quienes lo apoyaban se encontraban Elena Poniatowska y otras gentes que conformaban un grupo de intelectuales –al menos mucho más que el resto de la población promedio–. Hacían promoción asegurando que esa era su mayor fuerza, y no lo dudo, ni lo dudé, a nuestro país le hace falta una visión mucho más amplia del ejercicio de la cultura. Pese a esto, algo no estaba en su lugar… ¡Por supuesto! La idea regresó a mi: el poder es poder, y bajo cualquiera de sus formas (económico, social o intelectual) ofusca. Pensemos lector ¿Qué haría un país en manos de “gente que si piensa”, dirigiendo a una nación que tiene bajos niveles de educación con una cultura desmesurada del poder? Mi ánimo me empuja a pensar que esto tenía puras buenas intenciones, sin embargo me parece útil traerlo a cuenta.

Sostengo estas ideas porque el tiempo sigue corriendo y no podemos esperar sexenio tras sexenio a que llegue un “alma buena” a cambiar la situación de este país. Podríamos enumerar entre las bondades de la lectura el fortalecimiento de un aparato crítico. Necesitamos utilizar las herramientas más cercanas. La practica de la lectura es cercana y poderosísima. ¿Por qué practicarla puede impactar en la construcción de una ciudadanía más solidaria, comprometida, tolerante y aún mismo tiempo crítica? La respuesta se esconde en algo muy simple, leyendo las realidades de otras personas nos podemos dar cuenta que nuestra realidad, es apenas un ápice en el universo de la humanidad. Hay historias que nos ahuyentan el dolor y otras que nos lo atraen. A través de las creaciones escritas de otros asimos sus desgracias y aprendemos a lidiar con realidades distintas. Nos volvemos más críticos y como consecuencia tenemos más instrumentos para proponer, y de proponer se trata.

Si queremos ciudades más libres, necesariamente necesitamos ciudadanos más preparados para el diálogo, con fundamento. Si existen ciudadanos capaces de argumentar, de expresar sus ideas –otra bondad de este ejercicio- entonces podremos exigir y vigilar con mayor cercanía nuestros gobiernos. Entonces estaremos embardas en el camino de darle batalla a esta paradoja. Lo invito a estar de acuerdo y sobre todo a no estarlo si no comulga con estas ideas, ya que justo este ejercicio de construir ideas, propiciando la tolerancia es el que me empuja, casi como un sortilegio, a seguir escribiendo.

@alfredogamt

[1] Aténogenes Pérez  y Soto  fue un maestro veracruzano, que aparece como coordinador de “Iris, libro de lectura” del que hago referencia en el texto. Fue Director General de Educación en el Estado de Veracruz y maestro de la Escuela Nacional Preparatoria en el Distrito Federal.

[2] Más tarde Guzmán presidiría la Comisión Nacional de Libros de Texto Gratuitos (CONALITEG) creada en el periodo de López Mateos el 12 de febrero de 1959.