Las mil dudas sobre mi lugar en el ágora

nueva columna Alfredo García

“De los cerros altos del sur, el de Luvina es el más alto y el más pedregoso, está plagado de esa piedra gris con la que hacen la cal, pero en Luvina no hacen cal con ella, ni le sacan ningún provecho…  Resulta fácil ver las cosas desde aquí, meramente traídas por el recuerdo, donde no tienen parecido ninguno, pero a mi no me cuesta ningún trabajo seguir hablándole de lo que sé, tratándose de Luvina. Allá viví. Allá dejé la vida… Fui a ese lugar con mis ilusiones cabales y volví viejo y acabado…”  Juan Rulfo.

Todos cabemos o al menos deberíamos caber en el ágora, pero sobre el atril no cabe mas que uno, el que gerencia, o el que a nombre de un grupo debería gerenciar. El sábado pasado intentamos entrar a la primera sesión del ayuntamiento, la respuesta fue un aventón de puerta. El oficial pidió una invitación para tal asunto. Entré en confusión: ¿Desde cuando unos están invitados a las audiencias públicas y otros no? ¿Por qué denegar la entrada al espacio público por excelencia?[1] El ambiente era un chiste ejecutivo de muy mal gusto que entre sus mejores versos destacaba al dirigente de la audiencia confundiendo el término de “unanimidad” con “mayoría absoluta”.

Ya en el interior, había un grupo de manifestantes que primero le reclamaron de forma abierta al actual presidente la dirección que les prometió en campaña, a menos de que quisiera que les trajeran a los cinco mil miembros que decía lo respaldaban; es claro que en campaña el trueque fue frontal, que no nos quede duda. Unos minutos después uno de los regidores del grupo contrario a los que quedaron electos por los votos a favor del blanquiazul, irrumpió ofreciendo una cantidad de dinero en balones de fútbol, los manifestantes aplaudieron con un brillo inefable en los ojos, ¡Qué espanto! ¿Quién tendrá más culpa?  Este sábado se tomaron en los municipios del estado de Guanajuato los nuevos ayuntamientos. ¿Y en este cuento, nosotros qué? Parece ser que seguimos siendo la Luvina de Rulfo, El País Que No Quería Crecer de Antaki y un laberinto de muchas soledades. Aquí hay de dos; o nos conformamos o nos confrontamos con lo que somos. De este lado, del ciudadano, no cabe más que apostarle a la pensada.

Nunca había tenido tantas preguntas sobre tal asunto. Desde la teoría el panorama para resolver los asuntos públicos es por demás romántico. Al ojo del Derecho Administrativo los estudiantes aprendemos que la Política es el gobierno decidiendo y que la Administración Pública debería ser éste actuando. Cuando no hay tercera opción ¿entonces que estarán haciendo al menos nuestros ayuntamientos instaurados?

El consenso entre las fracciones políticas es difícil. En los grupos ciudadanos pasa lo mismo, si bien se busca el consenso, éste no tiene que provocar la renuncia de forma radical a nuestras pretensiones. Reclamamos un acuerdo de precampaña y al mismo tiempo aplaudimos víctimas de la coyuntura. Ejercemos nuestro derecho al reclamo y nos desviamos en el camino agradeciendo por los restos que nos ofrecen quienes nada tenían que ver en esta tragicomedia. Nos apresuramos al reclamo, somos presas del arrebato.

Antes de afirmar cualquier impresión sobre mi primera sesión de ayuntamiento ya tengo mil dudas. ¿Cuántos de  los ludovicenses habrán –siquiera– asistido a una sola sesión? El circo es más circo desde el salón de cabildos. Los que se atreven a enfrentar, los que se atreven a levantar la voz son pocos. Con tales inconsistencias ¿para qué?

No entraremos pues a las arenas de nuestros dirigentes. Quiero entrar por las que llenan de peso mis dudas. Los dirigentes en este y cualquier ayuntamiento son hijos de nuestro vecino, hermanos de nuestros parientes, amigos de nuestros amigos. Algunos fueron compañeros nuestros en la primaria. Compartimos las mismas calles y  la misma falta de agua en condiciones potables.

No son ni deberían ser extraños, fueron victimas o victimarios de las coyunturas. Y aclaro que el conflicto, el acuerdo y las coyunturas no son negativas, al contrario. Sin embargo, habría que recordar para qué fue instituido el municipio: para administrar los servicios básicos.

¿Y si un día un grupo de ciudadanos se acercara a la sesión de cabildos a pugnar por la seguridad o por el agua potable? No sé, lo anhelo, y me tropiezo con esta realidad enjuta y grosera que me deja con mil y un dudas sobre si es verdad o no, que hay un espacio para mi en el ágora.

@alfredogamt

[1] Artículo 61. Los ayuntamientos deberán resolver los asuntos de su competencia colegiadamente, y al efecto, celebrarán sesiones ordinarias, extraordinarias y solemnes que serán públicas, con excepción de aquéllas que conforme esta Ley, deberán ser privadas y preferentemente en horario diurno.

Ley Orgánica Municipal para el Estado de Guanajuato.

Artículo 67. Son materia de sesión privada: I. Los asuntos graves que alteren el orden y la tranquilidad pública del Municipio; II. Las comunicaciones que con nota de reservado dirijan al Ayuntamiento, los poderes Legislativo, Ejecutivo y Judicial; y III. Los trámites de las solicitudes de licencia y los asuntos de destitución de servidores públicos municipales que hayan sido nombrados por el Ayuntamiento. Los integrantes del Ayuntamiento deberán guardar la reserva correspondiente de los asuntos tratados en las sesiones privadas. (http://sanluisdelapaz.guanajuato.gob.mx/files/transparencia/I/Ley%20Orgánica%20Municipal%20para%20el%20Estado%20de%20Guanajuato.pdf)

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