Dialogando entre optimistas

Gerardo Mosqueda

Durante la semana los medios destacaron todas y cada una de las declaraciones del presidente Peña; entendible, después de mandar su informe al congreso, de leer su mensaje del decálogo en palacio nacional y la interminable sesión de entrevistas concedidas a los periodistas más famosos, al menos para el staff del presidente, con cada uno fue preparado meticulosamente lo que le preguntarían. Ni una pregunta más sobre la casa blanca, nada que contenga la palabra corrupción, ni cambios en el gabinete, nada de comentarios especulativos y así sucesivamente.

El tema son los indicadores de la economía, pero no todos, sólo dos la tasa de inflación registrada al cierre de agosto y el número de nuevos contratados registrados en el IMSS. En efecto la inflación acumulada de agosto de 2014 a agosto de 2015 tuvo una baja registrada de dos décimas y el número de registros del IMSS tiene 70,000 empleos más con relación al mismo mes del año pasado… Así es que estamos ante los mínimos históricos en los dos indicadores.

Ningún indicador económico tiene comportamiento aislado, los aislamos para efectos de estudiarlos y si los separamos del resto de los indicadores del comportamiento económico del país es sólo por razones didácticas.

El presidente estaba cerrando su ciclo mediático del informe presidencial y al parecer, en las evaluaciones del tema le habría salido todo bien; hasta la anécdota de que se le caía la banda presidencial… De gira por su estado y con la autoestima alta, le salió muy natural llamarles la atención a los pesimistas.

Si a pesar de la paridad del peso frente al dólar, con sus respectivas medidas de rescate diario, saliendo a subastar el banco de México, para que no se dispare la especulación, los más de cuatrocientos mil empleos que no se han generado y que seguramente están en la informalidad, en el mejor de los casos. Sin que sea deseable la economía informal sigue representando el 60% de la economía del país, las tasas de registro de pobreza en México siguen indicando que crece el número de pobres, el gasto gubernamental sigue acumulando deuda, con la idea de que hay buenas calificaciones económico-financieras del país y todavía aguantamos más deuda; a pesar de los efectos negativos para la inversión productiva que produce la política fiscal y que será en los próximos días legislativos materia del debate, la balanza comercial se mueve en sentido negativo por el precio del dólar para la importación de bienes y servicios.

El presidente piensa que el país va bien, tiene dos motivos para ser optimista y para llamar la atención de los mexicanos, hace su esfuerzo por contagiarnos de no ser pesimistas.

Desde luego; si tengo que escoger entre pesimistas y no pesimistas, prefiero ser realista, tomar los indicadores como están, sin interpretaciones personales, sin sacar conclusiones apresuradas, es cierto que la inflación registra un mínimo histórico, está dos décimas menos que el año pasado en el mes de agosto. Si lo que se quiere comunicar es que la economía del país está bien… lo que hay que revisar es el optimismo del presidente y de su equipo de gobierno.

Con realismo se entiende mejor como son las medidas de esfuerzo que se deben tomar para generar el Crecimiento Económico que el país necesita, el tema es que la confianza de los mexicanos se traduzca en decisiones de inversión, de generación de proyectos que involucren a los mexicanos con su creatividad y capacidad comprobada de trabajo, para que tengan mejores ingresos y se reactiven otras áreas de la economía que están deprimidas.

Para el optimismo del gobierno dos décimas en la inflación es una buena señal, para el realismo económico, también es una buena señal pero se producen medidas de esfuerzo distintas…

Presidente el tema es: Crecimiento Económico.

Si el anuncio de “apretarse el cinturón” viniera acompañado de decisiones estructurales en materia fiscal con políticas que estimulen la inversión y no sólo sean mecanismos recaudatorios para suplir el gasto burocrático que se cubría con los ingresos petroleros; el realismo económico explicaría el realismo político.

Por ahora acompañaron al optimismo del presidente con una medida de austeridad: los invitados al grito de independencia desde palacio nacional, tendrán que cenar por su cuenta, igual que todos los mexicanos que llegan al zócalo y que no son invitados a pasar a palacio.

No habrá cena para los invitados del presidente. Hay que ahorrar. ¡Viva México!

Hasta la próxima PROSPECTIVA.

@MosquedaGerardo

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