“Bendecir” el espacio público

nueva columna Alfredo García

“Ignacio Comonfort, Presidente sustituto de la República Mexicana, a los habitantes de ella, sabed: Que el congreso extraordinario constituyente ha decretado lo que sigue: En el nombre de Dios y con la autoridad del Pueblo Mexicano…” –Fragmento del preámbulo de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos de 1857.

Quiero pensar un cuento que no me obedezca, que me sobrepase hasta volverse realidad. Donde esta ciudad no viva como apartada de la realidad pública del país, alimentada por una prensa local sevillista y aplaudidora que nos vende lo que queda de sus acuerdos o de sus miedos. Donde existan ciudadanos incapaces de permitir ver pasar frente a sus ojos esa insoportable[1] mezcla de los asuntos públicos con los religiosos. Como el pasado martes 2 de septiembre con la reinauguración del Centro Asistencial de Desarrollo Infantil (CADI) del DIF en la que hubo una “respectiva” bendición del espacio público. Estos Asuntos que pasan mezclados como una bola desértica, de esas que estamos acostumbrados ver pasar cuando nos atisba el invierno  quienes habitamos esta ciudad de polvaredas e ilusiones.

La practica es común y nada extraña a la mayoría. Como todo vicio, para quienes los practican resulta difícil escapar de él. En la Constitución Política de este país se consagran varios pares de derechos que no están consagrados en nuestros modos de vivir. ¿Cuál será la forma más audaz de positivarlos en nuestra conciencia y en nuestras practicas?

Durante los años que preceden a los nuestros, se libraron grandes batallas por separar a la iglesia del Estado. El intento por extraer la religión de la vida pública[2] dio origen a la construcción de las sociedades modernas. En el camino no podríamos dejar de citar las Leyes de Reforma de mitad del siglo XIX. Dichos acontecimientos ayudaron a vislumbrar la idea de que la vida religiosa debía desarrollarse en una esfera privada. Una de los acontecimientos más recientes en esta batalla fue la reforma de noviembre de 2012 al artículo 40 de nuestra constitución que establece: “ Es la voluntad del pueblo mexicano constituirse en una República representativa, democrática, laica, federal, compuesta de Estados libres y soberanos…” dicha reforma reafirma la posición legal de nuestro país frente a este tema.

Podríamos ser más puntuales en otros argumentos legales e históricos, pero basta apuntalar los mencionados para entender que resulta obvio que agregar a un ministro religioso a la mesa del presídium en la apertura, inauguración, remodelación o cualquier otro similar de un espacio público no es precisamente algo que debería ocurrir en este sueño de la “República laica”. A simple vista podría pensarse que la práctica no tiene mucha importancia,  pues parece que a nadie le incomoda, ni a los funcionarios unos educados en temas legales ni a los ciudadanos. Hablar de estos temas es desafiar la costumbre, discutirlo para quienes políticamente buscan legitimarse podría ser desastroso, pero para la construcción  ciudadana es fundamental.

Podríamos pues cuestionarnos ¿Cuál es las finalidad de “bendecir” el espacio público? en su calidad de personas, los funcionarios podrían asistir a ceremonias religiosas e incluso invitar a los ministros de cualquier religión a ser los invitados de honor en una cena en su casa, pero en su calidad de funcionarios públicos ¿por qué podrían hacerlo en un espacio de todos? El tema no se reduce a la colisión entre esferas pública y privada. También podríamos hablar de las confrontación  al interior de la vida privada. Permitir el despliegue de estas acciones podría poner en confrontación a todos aquellos ciudadanos que profesen una religión distinta. ¿O a caso también permitimos a mormones, judíos y testigos de Jehová que acorde a sus creencias sacralicen los lugares públicos?

El tema resulta siempre ser delicado,  sin embargo existen dos ideas que en este tema no deben cambiar, la primera se refiere al respeto de las creencias, incluyéndose a los grupos minoritarios. Y en segundo lugar cada vez que esta u otra esfera de la vida privada se empalme u obstruya el desarrollo de la pública habrá que reorganizarlas, y ponerle límites. Este ejercicio sólo puede desarrollarse de forma eficiente si se hace bajo una lupa crítica. Pongo estas líneas  esperanzado de dejar un día yo y usted lector de inventar cuentos públicos, para empezar a vivirlos.

@alfredogamt

[1] Insoportable es la mezcla, no así el ejercicio de las practicas religiosas. Toda sociedad que se precie de democrática debe establecer barreras para que una ideología  no totalice las diferentes expresiones sociales. En una sociedad plural deben garantizarse lo medios para el ejercicio del culto religioso, pero también debe asegurarse que este no inunde la vida pública.

[2] Sin olvidar que estos intentos han sido revalorizados al grado de entender que también se pueden llevar a la vida pública mientras se regulen. En México se hace a través de la Ley Asociaciones Religiosas y Culto Público.

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