Esa violencia llamada bullying | Por Beatriz Manrique

Betty Manrique

En español significa intimidación, sin embargo, el término generalizado es la palabra inglesa bullying, y se ha convertido en un creciente problema, ya que esta forma de intimidación se presenta en actitudes agresivas, intencionadas y repetidas que ocurren sin razón clara y que son adoptadas por uno o más estudiantes en contra de otro u otros.

Los abusivos y abusivas han existido siempre en las escuelas, claramente recuerdo a más de uno en mi etapa escolar, sin embargo el nivel de violencia y de agresividad que se da hoy bajo este fenómeno sí amerita atención especial. Es urgente contar con registros, estadísticas, mapeo de incidencia y desagregar los datos por género y otros criterios, para desnudar el problema, sus causas y manifestaciones y poder atacarlo con mayor éxito. No podemos permitir que la escuela se vuelva un espacio peligroso para ciertos niños y niñas que por cualquier circunstancia sean vulnerables y posibles víctimas.

Cuando hay bullying se presenta un maltrato psicológico, verbal o físico contra un alumno o alumna que pierde la capacidad de defenderse, se genera un predominio de sus agresores hacia su víctima y puede llegar a provocar daños emocionales que tristemente han terminado en abandono escolar, y en los casos más extremos en el suicidio.

Roberto, un menor de 12 años es la víctima que hoy ocupa los espacios informativos, y que en su nombre, seguramente se reflejan miles de casos. Roberto fue “bulleado” hasta el grado de poner en riesgo su vida debido a la golpiza que le propinaron otros niños  de la misma secundaria que se ubica en el tradicional barrio del Coecillo de la ciudad de León. Estos alumnos de 3° de secundaria fueron sus “bulleadores”. Dos años mayores que él, lo escogieron para hacerlo por muchos días, víctima de sus abusos.

Hoy Roberto está internado en condición grave, su madre ha explicado a los medios los cambios que notó en su hijo, hasta que el niño no pudo ocultar su situación porque la agresión había llegado al daño físico. Pero los días previos guardó silencio. Estaba temeroso de hablar.

La Procuraduría de Guanajuato ya integró una averiguación previa por el delito de lesiones graves que ponen en peligro la vida ya que el niño tiene daños en el hígado, el riñón, el intestino y el bazo. Sin embargo, como los agresores son menores de edad, tendrá que intervenir en el caso la autoridad que atiende a los menores infractores.

Lo que pasa con nuestros niños, niñas y jóvenes debe mantenernos muy atentos y preocupados. La violencia se normaliza en sus vidas, y se traslada a las aulas, al patio de la escuela y a sus relaciones escolares. Y la violencia se tecnifica también y se desarrolla también en el plano de las redes sociales.

A nivel federal se hicieron reformas para abordar el tema del bullying en la escuela. Hay legislaciones estatales en materia de educación, como las de Baja California, Campeche, Chihuahua, Jalisco y Quintana Roo que de manera expresa ordenan a las Secretarías de Educación que promuevan políticas que combatan y eviten el acoso escolar, la violencia o el abuso escolar, refiriéndose claramente al bullying.

Otros estados como Nayarit, Puebla, Tamaulipas, Veracruz, Guanajuato y el Distrito Federal, han promulgado legislaciones específicas para combatir este fenómeno que ha provocado deserción escolar, bajo rendimiento académico, daños psicológicos graves, lesiones físicas y suicidios.

El asunto no es para menos, según la OCDE, México tiene el primer lugar de casos de bullying en secundaria, la ONU afirma que aunque no es un fenómeno exclusivo de México, en nuestro país 7 de cada 10 niños han sufrido este acoso o intimidación en el espacio escolar por otros niños que comparten la misma escuela aunque no sean del mismo salón o grado.

Estos organismos internacionales y la Unicef han alertado sobre los niveles de violencia registrados en las escuelas mexicanas que en algunos casos pudieran considerarse como problemas de salud pública. La sociedad en su conjunto tiene tarea, pero además en este, como en otros problemas de violencia y abuso, el Estado tiene la obligación de garantizar la seguridad de los menores y dotar a las escuelas y maestros de medios para combatir este flagelo que se cuela a las aulas. 

@BetyManrique

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