Encuentro de Escritoras y Activistas Latinoamericanas en Mineral de Pozos

Encuentro de Escritoras y Activistas Latinoamericanas en Mineral de Pozos

La crisis: Esperanza e igualdad principales puntos de debate

Mineral de Pozos, Pueblo Mágico | Maricarmen Rivera | 19 de noviembre de 2013

En el marco del Segundo Festival Internacional de Cine Independiente de Pozos (FICIP) se llevó a cabo el primer Encuentro de Escritoras y Activistas Latinoamericanas, dándose cita Guadalupe Rivera Marín, hija de Diego Rivera y Guadalupe Marín; Jesusa Rodríguez, actriz escritora y activista; Carolina Escobar Sarti, escritora y activista guatemalteca y la también escritora Claudia  Marcuccetti.

Teniendo como tema de debate la crisis y la manera en las que mujeres se reinventan en contextos adversos, las escritoras expusieron primero de manera individual su posición exponiendo algunas crisis personales y otras crisis sociales. Los principales puntos de desacuerdo fueron sus opiniones sobre la esperanza y la igualdad.

Jesusa Rodríguez abrió el debate afirmando que la crisis lo es todo, pues lo único que ella conoce es la crisis. Afirma que a lo largo de los años la sucesión gubernamental del país no ha habido sino una secuela de crisis profunda, marcada por la pobreza, la desigualdad y la violencia. Y frente al desolador panorama que expone, con la dureza de palabra que la caracteriza, Jesusa destroza la utilidad de la esperanza en nuestras crisis. Dice que “la esperanza no sirve para nada, hay que actuar y no esperar nada”.

Ejemplifica diciendo que este año cuando en Berlín ganó un premio la asociación “Nuestra hijas de regreso a casa” que ha luchado 25 años contra el feminicidio, se reveló que hace 20 años moría una mujer con violencia en Ciudad Juárez cada 12 días, y hoy una cada 20 horas. “Por eso no sirve la esperanza” sentencia, y agrega que “un país de violadores es un país condenado al fracaso, mientras los hombres no reaccionen a un país lleno de violencia” nada cambiará.

En su intervención, Guadalupe Rivera Marín revela: “crisis vivimos las mujeres todos los días de nuestra vida”, pero las más graves, coincide, son el hambre, la desnutrición, la pobreza y la falta de cultura. Afirma que “no es posible que 70 millones de mexicanos tengan hambre y que el segundo millonario del mundo sea un mexicano”.

“Y nadie protesta” agrega, porque “todos vivimos a su vez una crisis emocional” que no nos deja ir más allá de nuestras propias necesidades. Se dice angustiada y a sus ojos asoman las lágrimas, su sinceridad conmueve a público. “He vivido muchos años, pero nunca había sentido esta tristeza y esta angustia por la situación de mi país”.

Por su parte, la guatemalteca Carolina Escobar Sarti, comparte que para ella tampoco es ajena la crisis, “vivo inmersa en esa crisis, pero no quiero hoy partir de la crisis sino de la esperanza porque si no me muero”.  Cuenta para los asistentes que su país en la “desdibujada Centroamérica” tuvo una guerra de 36 años y aportó la mitad de los muertos por conflicto armando en toda Latinoamérica.

Reflexiona como a 60 años de voto femenino en México es cuestionable haber alcanzado una verdadera democracia que sea útil para resolver lo que nos toca vivir, teniendo una clase política que “no entiende que no entiende; no entienden de cultura, no entienden de hambre […]”, pero para que esa clase política esté ahí, también estamos “muchos ciudadanos dando ‘upas’ a esos políticos y dándoles permiso para que en nuestro nombre se comentan las barbaridades que se comenten”, tenemos que hacer algo, sentenció.

Como activista que atiende víctimas de trata y violencia sexual, relata conmovida que cuando recibe a una niña a las tres de la mañana que llega violentada, rescatada de una casa de trata, “veo que no es muy distinta esta forma de esclavitud que la del genocidio de mi país”. La lógica es la misma que mantiene millones de personas que no comen y que no estudian en Guatemala, una de las regiones más violentas del mundo.

Concluidas las exposiciones que abrieron a la reflexión de los asistentes y expuestas las controversias sobre la esperanza y la igualdad, principales puntos de desacuerdo, muy a su estilo, Jesusa Rodríguez concluyó con la frase: “Pero sí tenemos una ventaja las mujeres sobre los hombres, una sola, no somos hombres”.

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