Arturo Navarro: ¿más vale tarde que nunca?

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Parece que por fin, en estos días, arribará a la subsecretaría de Gobierno vacante un personaje cuya designación se había decidido hace varias semanas: el actual secretario general del PAN, Arturo Navarro.

En ciertos temas, Miguel Márquez parece ser un hombre que se piensa mucho las cosas. Porque hay otras ocasiones  en que la premura lo obsesiona, como cuando se trata de megaproyectos que implican cuantiosos desembolsos.

No se entiende como, en medio de la urgencia de operadores políticas que le aqueja, se ha tardado cuatro meses en resolver el nombramiento de la subsecretaría de gobierno encargada de los servicios a la comunidad.

El hombre parece el adecuado para reforzar la titubeante gestión de un secretario de Gobierno que no ha acabado de mostrarse con el talante político necesario para el cargo.

Sin duda que Antonio Salvador García López tiene en su favor la plena confianza de Miguel Márquez. Con lo que no cuenta es con la pericia y el entrenamiento.

Por eso necesita segundas manos, por eso es complicado entender la tardanza de Márquez en proporcionárselas.

Sin embargo, lo que no parece lo más conveniente es el puesto.

Arturo Navarro, un experimentado ex secretario general del Congreso, donde lidió con éxito y reconocimiento de todas las bancadas con un cargo complicado; un aplicado operador panista que se manejó con discreción y eficacia en la secretaría general del partido, precisamente durante los procesos internos y constitucionales de la pasada elección, tendría mejor futuro en la otra subsecretaría, la de Vinculación y Desarrollo Político, donde vegeta desde hace años Tomás López.

Desperdiciar a Navarro lidiando con registros civiles y registros públicos, con notarías y tenencia de la tierra, puede ser otro error.

Sin embargo, todo indica que en este gobierno más que los perfiles y los diagnósticos, importan las corazonadas.

Así, a una decisión pospuesta sin necesidad, le seguirá una equivocación táctica. Es la marca de la casa.

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