Un jesuita de América, al rescate

Pablo Cesar

La Iglesia Católica está dando un giro en la forma de ver y entender la religión y el mundo. Por fin los jesuitas a la cúpula.

Lo que ocurrió ayer en Roma muestra la intención de modernizar a la Iglesia Católica y el regreso al compromiso con los más necesitados. Los jesuitas son los menos conservadores de la Iglesia. Tienen especial atención en sus misiones en los pueblos más pobres del mundo, luchan contra las estructuras injustas y trabajan a favor de los excluidos.

A mediados del siglo pasado, después del Concilio Vaticano II, la Compañía de Jesús hizo una modificación en su visión del mundo. Dejó de ser una congregación elitista y se dedicó a la atención de los pobres.

Ese justo momento fue aprovechado por Marcial Maciel para meterse con los Legionarios de Cristo a la clase social alta. Los Legionarios se quedaron con la atención de los ricos del mundo.

Durante décadas, Los Legionarios de Cristo tuvieron un avance importante en el Vaticano y se quedaron con la interlocución de los millonarios del planeta, ocupando el lugar de los jesuitas. Pero su crecimiento se desplomó con el escándalo de Marcial Maciel.

Hoy el tiempo le da la razón a los jesuitas.

El Papa Francisco pone a la Compañía de Jesús en la más alta responsabilidad. La renovación de la Iglesia es inminente. De fondo y de forma. Los jesuitas no sólo tienen una vocación de servicio a la comunidad y promoción de la justicia, sino que también tienen una forma especial de hacer sus ceremonias.

Las misas de los jesuitas suelen ser interesantes y hasta divertidas. Los sacerdotes bromean y son algo informales. En León incluso hay un sacerdote jesuita que utiliza videos para explicar el evangelio.

La decisión drástica reconoce una realidad: la Iglesia está en crisis. El Vaticano requiere una sacudida. Una transformación. Y Francisco, un argentino, un latinoamericano, un jesuita, es el elegido para rescatarlos.

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